¿Cuál es el criterio?

Se ha anunciado la próxima inauguración de una escultura frente a la plaza principal de la Capital, para honrar la memoria de Ramón Iturre, un vendedor de diarios que durante décadas tuvo su puesto en la esquina de Rivadavia y República.

Se trata de un trabajador de origen humilde, querido y popular, cuya calidad humana nadie cuestiona, y que con los años se convirtió en uno de los tantos personajes que integraban el paisaje urbano lugareño.

Todo está muy bien, pero la decisión de hacer una escultura en su honor no deja de generar cierta sorpresa, dado que no suele dedicarse un monumento a cada vecino que destaque por simple simpatía.

Generalmente se reserva la distinción para héroes, benefactores de la comunidad o personalidades que hayan trazado un camino abriendo puertas para generaciones futuras.

Podría incluso admitirse un reconocimiento genérico para canillitas, trabajadores en vías de extinción por el avance tecnológico, pero de allí a personalizarlo en un vendedor particular resulta al menos extraño.

Es raro que se haga eso en una provincia que bien podría homenajear con una escultura a María Luisa Sesín, pionera de la educación especial; a Ramón Barrionuevo, sobreviviente del Crucero General Belgrano; a Carlos Malbrán, pionero en la investigación bacteriológica en el país; a Juan Alfonso Carrizo, recolector de la sabiduría y la cultura norteña; a Ezequiel Soria, pionero del teatro nacional; a Romis Raiden, médico que trabajó 60 años como voluntario para ayudar a niños enfermos; a deportistas campeones mundiales como Hugo Soto en boxeo, Julio Bayón en fútbol o Julián Gutiérrez, finalista olímpico; a sacerdotes y pastores que entregaron su vida asistiendo a humildes; artistas, enfermeras, policías caídos en cumplimiento del deber, bomberos, e incluso políticos o sindicalistas honestos que los hubo también (el asesinado Rojitas fue uno de ellos), o a los fundadores de entidades como APANE, ACASO, APIFADYM y tantas otras.

La lista es interminable, pero ninguno de ellos tiene una escultura frente al principal paseo de la provincia. No se entiende cuál es el criterio que decide estas cuestiones.

Puede ser antipático decirlo, pero es una verdad compartida por miles de catamarqueños.