Los 150 mil millones se subieron a la calesita. El diputado Monti pedía que, así como llegaron, se les pase su porción a los municipios. Pero, aparentemente, desde que se acreditaron en la cuenta del Gobierno, están dando vueltas y vueltas en la noria, a cambio de un modesto retorno.
Hablamos del anticipo de Coparticipación Federal que Catamarca recibió el mes pasado. En total 150 mil millones (150.000.000.000,00) de pesos que el Gobierno recibió trás un acuerdo firmado entre el gobernador Raúl Jalil y el secretario de Hacienda de la Nación, Carlos Guberman. Como si fuera un adelanto de haberes, pero a nivel institucional y multi mega millonario.
Lo extraño es que el adelanto, que corresponde aproximadamente a un mes de coparticipación, se hizo por pedido del propio Gobierno provincial para “reactivación de la obra pública”. Pero desde que llegó la guita, la están laburando en un plazo fijo. Al final parecería que la urgencia no era tan urgente.
Hace unos días, desde la bancada opositora, había surgido una iniciativa para que esa torta de guita sea repartida con los municipios según el esquema de distribución secundaria de los fondos, que les asigna a las comunas un 25% del total. Al final de cuentas, ahora o dentro de unos meses, esa parte les pertenece. Pero lo que el diputado Monti & Cia no sabía era que, aparentemente, la platita ya la tenían invertida desde el minuto uno.
En la última edición del Boletín Oficial se publica la resolución de la Tesorería General de la Provincia del 15 de abril, en la que se autoriza a “realizar la colocación de excedentes transitorios” por 150.000.000.000 de pesos. En esta ocasión, se dispuso poner 10.000 millones en un fondo de inversiones del Banco Macro y los restantes 150.000 millones en un plazo fijo del BNA.
Según los considerando del Decreto Nacional 219/2026, el adelanto era para “atender financieramente los compromisos más urgentes”. En teoría era un anticipo para apagar incendios, pero el Gobierno los uso como “excedente transitorio”. Es decir, parece que le sobraban.
Será que no estaba tan ahogado y pudo inmovilizar la platita por unos 30 días para ganarse unos morlacos. Paga 15% de intereses por el adelanto, recibe 19% de la calesita, devuelve y se queda con 4 puntitos.
Esta ingeniería, con ganancias casi marginales, es cíclica en el Gobierno. Solo en abril, según el BO N° 40, se hicieron “colocaciones” por unos 208.000.000.000 de pesos. Los preferidos del Gobierno son los Fondos de Inversiones en los bancos Hipotecario, Santander, Galicia, Patagonia y Macro, y eventualmente algún plazo fijo del Nación. Poniendo y sacando, de acá para allá, como quién arma sus frasquitos de ahorro en la billetera de la famosa fintech.
Ante tanto movimiento financiero, inevitablemente surgen preguntas: con qué criterios se deciden las inversiones; quién decide dónde y cuánto invertir; de donde surgen esos “excedentes” y que se hace con los intereses generados. La suspicacia puede ser irritante, pero en el manejo de esos enormes volúmenes de recursos públicos, la transparencia debería ser máxima.
Solo pensar en los enormes beneficios que reporta para una entidad bancaria recibir esas inversiones en sus productos financieros abre la puerta a pensar cómo se negocia y decide darle a tal o cual banco montos de cientos de miles de millones de pesos. Si los bancos pagan tasas de alrededor del 20% y cobran intereses de hasta un 150% en financiaciones y préstamos, no es difícil imaginar el negoción que es tener al Gobierno de cliente anclando por semanas o meses miles de millones de pesos.
Los legisladores oficialistas defendieron la estrategia financiera del Gobierno. La destacan como una acertada decisión para resguardar el valor de los fondos hasta su utilización efectiva. Aún aquellos que se recibieron para atender cuestiones urgentes y se derivaron a un plazo fijo a 30 días.
Los municipios no son los únicos postergados. Mientras tanto, desde hace meses, proveedores del Estado ven cómo patean sus expedientes de pago para adelante, y sospechan que su plata es parte de esos “excedentes transitorios” que alimentan la máquinola.
Algunos dicen que es un intrincado sistema financiero de extra eficiencia que protege con celo el valor de los recursos públicos. Para otros es pura timba conservadora con la guita de los catamarqueños. La clásica calesita, pero con la tuya.





