Presente complejo, futuro sombrío

Por más que se esfuercen en mostrar lo contrario, los números no acompañan. Los indicadores del empleo en la provincia siguen marcando las mismas deficiencias estructurales históricas. Aún cuando el Gobierno dice trabajar para revertirlas. Las políticas públicas en la materia son de comprobada escasa efectividad y los planes a futuro van por el mismo camino. Placebos que disimulan la realidad y apuestas con bajísima proyección de éxito no dan demasiadas esperanzas de un cambio real.

 

Hace algunos días, como si se tratara de un contrapunto discursivo, casi al mismo tiempo que el Gobierno anunciaba la transferencia de fondos a empresas privadas en el marco del programa de Emergencia Textil, la Fundación Mediterránea publicaba un informe sobre el empleo en el país que retrata la precaria situación de Catamarca. Los 425 millones invertidos por la Provincia en sostener el empleo privado se deslucen en el contraste con los datos del reporte.

 

Según el informe, generado mediante el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana, Catamarca registra promedios de empleo público por encima de la media nacional mientras el empleo privado marca un comportamiento opuesto. Es decir, todo lo contrario al deseado crecimiento de la actividad económica por fuera del Estado.

 

Marca el sondeo que el promedio nacional de empleo público para todas las provincias es de 50 trabajadores por cada mil habitantes. Pero en Catamarca, la proporción se duplica, registrando 100 empleados públicos por millar. Quinta en el ranking de provincias con más empleados públicos, las estadísticas le dan al Gobierno un baño de realidad.  

 

Por el contrario, y a contramano de lo deseado, Catamarca registra una muy pobre performance en el empleo privado, muy por debajo del promedio nacional. Mientras la media del total de las provincias es de 144 trabajadores privados formales cada 1.000 habitantes, aquí apenas se llega a los 86.

 

Empleo privado por debajo de la media nacional, empleo público por encima, un cruce de gráficos fatal que deja patente una cosa: el Estado sigue siendo la única fuente de empleo formal disponible para la creciente oferta laboral, mientras el sector privado muestra una detracción.

 

En ese funesto escenario, el Gobierno no muestra reacción ni creatividad. Por el contrario, todas las acciones se reducen a seguir transfiriendo recursos a las empresas privadas para que no despidan empleados, generando una ficción que ni siquiera alcanza para acercarse a los promedios deseados.

 

Para peor, las actividades productivas en desarrollo o con proyección a medio plazo, como la minería, tiene un peso relativamente bajo en la generación directa de puestos de trabajo. Actividades como minería, petróleo, servicios financieros y agro representan apenas el 3% del empleo total y el 7% del empleo asalariado privado registrado. Replicando la disociación que producen históricamente estos sectores con cifras impactantes de inversión, producción y exportación, pero de baja contribución a la creación de puestos de trabajo.

 

“El sesgo de esta reactivación”, señala el informe, “plantea un desafío estructural”. El crecimiento económico que promueve el Gobierno está muy lejos de garantizar la creación de empleo. Un presente complejo y un futuro poco promisorio.