Cada día más libertario, el gobernador Raúl Jalil se convirtió en el primer gobernador del Norte Grande de la historia en festejar el 4 de Julio, como integrante de la comitiva libertaria encabezada por Javier Milei.
Al menos así lo hicieron saber decenas de medios nacionales, porque por lo menos a nosotros no nos llegó en Catamarca ningún parte de prensa oficial sobre esta actividad.
La celebración se llevó a cabo en el Palacio Bosch, residencia del embajador estadounidense Peter Lamelas, en el marco del 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos.
El evento reunió a representantes del Gobierno nacional, empresarios, diplomáticos y miembros del Poder Judicial. La presencia de Javier Milei fue uno de los aspectos más destacados, ya que se convirtió en el primer presidente argentino en ejercicio en asistir a esta tradicional recepción diplomática, lo que fue interpretado como un nuevo gesto de acercamiento hacia Washington.
Detrás suyo, fue el catamarqueño Raúl Jalil, amigo de Jalil y de Estados Unidos. “Sólo le falta repudiar a Irán”, ironizó un peronista despechado.
Algunos medios fueron particularmente críticos con el gobernador, al considerar que “no se trató de un gesto protocolar menor ni de una simple cortesía internacional. Fue, ante todo, una nueva muestra de sumisión política que no debe pasar desapercibida para los catamarqueños. Esta es la primera vez que un mandatario del Norte Grande argentino asiste a este tipo de recepciones diplomáticas. La novedad estadística, sin embargo, adquiere un valor fundamental por el contexto político y social que atraviesa la provincia. La presencia de Jalil no es ingenua ni mucho menos casual. Responde a una lógica de alineamiento que su gobierno ha mantenido desde el primer día de gestión”, escribió Diego Nofal.
El periodista analizó que “durante la administración de Jalil, las empresas extranjeras siempre han recibido un trato preferencial por encima de los intereses locales. Las decisiones clave, especialmente en el ámbito minero, se han tomado sin consultar a las comunidades afectadas. La opinión de los pobladores de Catamarca ha sido sistemáticamente relegada a un segundo plano. Eso ha generado un caldo de cultivo perfecto para el descontento social y la desconfianza”.
Analizando el panorama minero, Nofal sostiene que “Catamarca ha sufrido la contaminación derivada de la minería extractiva más que cualquier otra provincia argentina. Los pasivos ambientales son evidentes y las consecuencias sanitarias, una preocupación constante en varias localidades. Los ríos, el suelo y el aire han pagado el costo de un modelo productivo impuesto desde arriba. La memoria de esos daños sigue muy presente en el reclamo cotidiano de los catamarqueños. En este escenario, festejar la independencia de Estados Unidos resulta, como mínimo, contradictorio y provocador. No se trató de un acto aislado, sino de un mensaje político claro hacia adentro del territorio provincial. Jalil celebró con quienes representan el poder económico que tanto ha presionado en Catamarca. La foto con los diplomáticos norteamericanos vale más que cualquier discurso de soberanía nacional”.
Y completa: “la asistencia del gobernador obedeció también a un pedido explícito del gobierno nacional. La Casa Rosada buscó una muestra de respaldo institucional a la alianza con Washington. Jalil, una vez más, acató la orden sin titubear y sin medir el costo político local. Su figura quedó expuesta como la de un funcionario dócil ante las directivas del poder central. La sumisión se ejerce en dos frentes: ante los extranjeros y ante el oficialismo de turno”. ¿Será?





