Se viene el Día de la Minería y en Catamarca se brindará por los éxitos del rubro, siempre imponente con sus números de inversiones y proyecciones de ganancias monumentales.
Catamarca es minera, lógicamente, porque en sus suelos tiene minerales para todos los gustos, pero la actividad nunca ganó arraigo como en otros países, como Chile y Perú, ni otras provincias, como San Juan.
Los catamarqueños son desconfiados y escépticos sobre la minería, y tienen sobradas razones.
La minería en Catamarca nunca pasó del status de promesa de un bienestar futuro, nunca creó beneficios reales, nunca llegó al pueblo.
Jamás hubo en la provincia un acto popular por el día de la minería: se juntan empresarios y funcionarios, que son los que históricamente se benefician. Como siempre, los que reparten la torta, los que se la llevan y los que autorizan. El resto mira.
Catamarca produce oro, Catamarca tiene plata, litio, rodocrosita, tierras raras, cobre, tiene todo. Ya se sabe. Pero es un negocio que no convida, y apenas si deja algo para un selecto grupo de proveedores, siempre armados a partir de contactos con empresarios o funcionarios. Es un círculo cerrado, es un negocio para ellos.
Desde el fiasco de Bajo La Alumbrera hasta hoy, la minería fue un fantasma para la gente común. Los que ejercen el poder sí, viajan a Canadá, a Australia, a China, reciben a empresarios, se enamoran de ese mundo de poder económico y se sienten parte. Los beneficios te los debo.
Las empresas provinciales, como CAMYEN y ahora YMAD, son más de lo mismo, extensiones de los brazos de funcionarios. Todo queda en la mesa chica.
Cualquier ciudad minera de Australia tiene un nivel de vida cien veces superior a Catamarca, con mucho menos potencial. Porque allá se administra de otra manera, con planes a largo plazo, con rendiciones de cuentas, no con ansiosos y desesperados por tomar una tajada.
En Catamarca no se pone la minería al servicio de la comunidad, se pone el Estado al servicio de las empresas, con beneficios y más beneficios, permisos, tierras, rutas, lo que quieran.
El porcentaje de ganancias que quedó para los catamarqueños de las toneladas de oro que se llevaron de bajo La Alumbrera son una lágrima. El negocio lo hizo otro. Con el litio viene pasando lo mismo: los robos de Livent y sus subfacturaciones son el ejemplo más claro. Y cuando se los denunció, fue desde la Aduana nacional, aquí siempre se hizo la vista gorda.
Hay riquezas, pero no hay un plan para que esa riqueza llegue a la gente. Lo que hay es lo que siempre hubo: promesas y más promesas. Que el oro, que el oro blanco, que la mar en coche. Y pasaron, diez, veinte, treinta años y aquí estamos.
La minería de Catamarca es el mañana… porque el “mañana” es eso que siempre va a llegar pero nunca llega, porque cuando llega es “hoy”.
Vean sino qué clase de festejo habrá por el Día de la Minería y quiénes estarán presentes. Gente común seguro que no habrá. Porque a la gente no le quedó más que un pozo gigante y agua contaminada.
El catucho





