El Riojano Ricardo Javier Ocampo pasó del anonimato a la fama nacional, de la fama al derrumbe y la cárcel, y ahora inició su regreso, otra vez alto perfil y su impronta de “líder religioso”.
En 2014, Ocampo fue encontrado culpable de seis hechos de abuso sexual agravado contra adolescentes que vivían con él en sus residencias de las localidades de Miraflores y Colonia del Valle.
Fue cuando esos casos salieron a la luz que su imagen de extraño gurú quedó por el piso, pero ya en mayo de 2021 empezó a disfrutar de salidas laborales. La condena que recibió fue de 14 años y medio, pero ahora ya volvió a calzarse la túnica.
Siempre estuvo cerca, porque el autoproclamado dios y gurú, cumplió su pena en la cárcel de Miraflores, ubicada justo al frente de su vivienda particular.
Gracias a su buena conducta, el Servicio Penitenciario de Catamarca le concedió pronto el beneficio de salidas laborales.
A través de sus fieles, Ocampo consiguió quedarse con extensas franjas de tierra en Capayán, construir su centro religioso y un barrio propio. Para ganar las voluntades locales donó alimentos y ambulancias, e intentó infiltrarse en el sistema educativo catamarqueño, con su propia escuela, Emociones Sanitas, y colocando seguidores suyos como docentes en colegios de la región.
Bajo su denominación de Maestro Amor, Ocampo ganó miles de seguidores en Argentina y en países limítrofes, a los que convencía de que era capaz de realizar apariciones y milagros, bajo un mensaje de resonancias budistas y con vestimentas y ceremonias que imitaban a las del gurú indio Sai Baba.
Las denuncias que llevaron a Ocampo a la cárcel señalaron la relajada vida sexual que el gurú entablaba con los niños y adolescentes varones, hijos de sus seguidoras, que en muchos casos entregaban a sus progenitores convencidas de que habían sido elegidos por Dios.
Una de las madres de los niños que terminaron denunciando judicialmente a Ocampo dijo que para ella el gurú era un dios, y que habría sido capaz de pegarle un tiro en la cabeza a su hijo, si Ocampo se lo pedía.
Uno de los chicos abusados, contó que Ocampo comenzó a violarlo a los 14 años, y que estaba obligado a vivir con él en Catamarca porque su madre, oriunda de Capilla del Monte, había vendido su casa y abandonado todo para seguir al gurú.
Ocampo llegó a tener también muchos seguidores en ámbitos universitarios y empresarios cordobeses, que le construyeron un templo en Río Cuarto y lo ayudaron económicamente para erigir sus instalaciones en Catamarca.
Ocampo llegó a la TV, compraba páginas enteras en El Ancasti, y sus fiestas de cumpleaños se hicieron legendarias.
La condena contra el gurú dejó una marca en la historia judicial argentina, porque se aplicó un agravante que prevé el artículo 119 del Código Penal, cuando el abuso sexual es cometido por alguien que está en condición de “maestro” del abusado.
Pero el Maestro Amor no escarmentó, y ya está de vuelta. La receta es la misma, un mensaje comunitario, gente feliz y apoyo político.

Lo acompañaron el intendente Omar Soria, la diputada libertaria Verónica Vallejos. Y a rodar mi vida, después de todo los antecedentes no son tan graves. Parece que cualquiera puede violar un par de menores y seguir como si nada… mientras tenga plata, las indulgencias se siguen comprando como hace siglos.





