Javier Galán, cada vez más acorralado por denuncias de todos los colores, intentó defenderse en la Legislatura y, palabras más, palabras menos, dijo que nadie podía acusarlo a él porque muchos políticos tendrían que estar presos, y reforzó su teoría mostrando fotos de María Soledad Morales y el asesinado ministro Juan Carlos Rojas.
La jugada de Galán es muy clara: el joven legislador se mostró dispuesto a empujar a todos al barro y revolver las miserias catamarqueñas para no ser el pato de la boda. Y en parte tiene razón, porque si algo caracteriza a la casta política catamarqueña es la impunidad.
Casos de corrupción, crímenes y toda clase de atropellos son pasados por alto a la hora de rendir cuentas cuando sus protagonistas tienen buenos contactos con el poder. Así fue y así es. Galán tomó dos casos emblemáticos, pero hay centenares de ejemplos.
No suele pasarle nada a los políticos de Catamarca porque son ellos los que arman la justicia a su medida, y se cobran generalmente los favores con ese traje de impunidad que los acompaña hasta la muerte.
Es verdad lo que dice Galán sobre que muchos tendrían que estar presos. Es verdad que el poder político no responde nunca, hace la vista gorda, apuesta al olvido y sale ileso de sus tropelías.
Pero el gran pifie de Galán es reclamar para sí esa impunidad general que citó. Porque lo que debió decir es que es inocente, y no que nadie puede señalarlo porque todos están manchados como él.
“¿Por qué a mí, si todos lo hacen?” es la lectura del mensaje de Galán ante sus colegas. Y no es un buen mensaje para alguien que quiere demostrar su inocencia. Le erró feo, una vez más.
Y otra cosa Galán… el Caso Morales fue hace 36 años. Ya intentaron seguir exprimiéndolo muchas veces y no funciona. Buscá otro argumento.





