Nueva versión de Jurassic Park

Se estrenó en Catamarca una nueva versión de Jurassic Park. Con malabares genéticos rescataron el ADN político de hace 40 años, y devolvieron a escena a un dirigente extinguido.

Sí, reapareció Oscar Castillo, el gran destructor de la Unión Cívica Radical, en una versión amnésica, porque habla de diálogo, de democracia, de escuchar a la gente, todo lo que no hizo.

Castillo apareció para dar consejos, para hablar de marchas de silencio, del Frente Cívico y Social, de la armonía interna, para un auditorio nostálgico que no comprende que los años gloriosos de la UCR son un recuerdo como la laguna de la Alameda y hoy no tienen ni un concejal en Capital.

Castillo, abanderado de mil casos de corrupción, el sujeto que traicionó y destruyó a sus correligionarios por décadas, el de las compraventas de Acción Social, las malversaciones de fondos mineros, las jubilaciones de pantalones cortos, la timba financiera, la podredumbre judicial, la defraudación a YMAD, la judicialización que aniquiló la vida interna del partido, el que transó con gobiernos de otros partidos para acomodar familiares y amigos, este muchacho denunciado por enriquecimiento ilícito que después del Pacto de Ipizca se mandó a guardar y se sentó a ver cómo se desplomaba la UCR, volvió ¡para dar consejos!

Pobrecitos los del puñado de radicales que estaban en Fiambalá, que lo aplaudían emocionados. No tienen idea de que le sonreían al mayor Judas de la historia radical catamarqueña, al que siempre jugó para él mismo, al que empujó a todos a la derrota, al que manipuló candidaturas, cerró puertas de comités y le regaló el poder al peronismo.

Castillo viene a hablar 35 años después del Frente Cívico cuando fue él quien llevó la alianza a la tumba y la hizo desaparecer. Cuando gobernó para él, usó el poder para él, y a la hora de ser oposición fue a arreglar acomodos personales y el resto que se prenda fuego.

Un fantasma del pasado que viene a hablar de unión cuando fue el arquitecto de dividir a todos y rematar espacios hasta que de la UCR no quedó absolutamente nada.

Una aparición que habrá hecho descorchar champagne al peronismo y a los libertarios, un salvavidas de plomo para el agonizante radicalismo, un álbum de malos recuerdos que más vale hacer a un lado porque lo único que puede traer es lo que siempre trajo: daño.