Entre ceja y ceja

El acto que encabezó Máximo Kirchner en Parque Lezama en respaldo de Cristina Kirchner fue una suerte de referéndum para la interna kirchnerista respecto a la posición sobre la prisión domiciliaria que la ex mandataria cumple por la causa Vialidad.

Y fue también la ratificación de que el kirchnerismo tiene al gobernador catamarqueño, Raúl Jalil, como abanderado de la traición partidaria.

El líder de La Cámpora fue el único orador de la jornada, donde volvió a poner como condición la premisa de “Cristina Libre” con vistas al 2027, y apuntó a los dirigentes que no se pronuncian expresamente en esa dirección.

En su defensa del liderazgo de Cristina, el único nombre propio del peronismo contra el que apuntó explícitamente esta tarde Máximo Kirchner y que utilizó como ejemplo para enviar su ultimátum fue el de Jalil, socio estratégico del gobierno de Milei.

“Si alguno piensa que esa mujer que le dio ocho años a la Argentina resta votos, que diga si vamos a juntar votos siendo empleados de las mineras y petroleras en el Congreso, si vamos a juntarlos con gobernadores del peronismo como Jalil de Catamarca, que le dio quórum (al oficialismo) para la reforma laboral”, arremetió.

La mención no es casual, Máximo ya había apuntado al catamarqueño en una reciente entrevista, porque recuerda muy que fue por Cristina que el peronismo recuperó el poder en Catamarca, y que es gracias a ella es que está donde está. Por eso lo señala como una traición.

El punto es que no lo piensa sólo Máximo, lo piensan muchos peronistas de Catamarca, por ejemplo los que votaron a Fernando Monguillot el año pasado creyendo su discurso de campaña de que venía a luchar contra Milei, y resultó que apenas se sentó en su banca se puso a jugar como un libertario más. Si eso no es traición, ¿qué es la traición?

Con esta realidad, el peronismo de Catamarca es una olla a presión, donde todos eligen mirar para otro lado y hacer de cuenta que no pasa nada. Pero esa paz simulada no va a durar mucho tiempo, porque el malestar crece y hasta la presidenta del PJ, Lucía Corpacci, es una cristinista que ya no soporta las jugadas de Jalil.

¿Cuánto tiempo más va a seguir Corpacci moviéndose como incondicional de Cristina en Buenos Aires, si no puede manejar el propio partido que preside en la provincia más sumisa a Milei?