¿Lo que viene?

Cerca y lejos, así están las elecciones presidenciales de 2027. Lejos porque Argentina es un país inestable donde el escenario puede cambiar drásticamente de un momento a otro, cerca porque Javier Milei ya transita su tercer año de gestión, y en pocos meses se abrirá el juego preelectoral.
La foto de este momento muestra un descontento importante, porque si bien se controló la inflación y se ordenaron algunas cosas, el costo del ajuste lo pagan los laburantes, los industriales, los comerciantes y los empresarios. Y no la casta.
Milei acumula demasiada imagen negativa, su tono agresivo genera rechazo, y empieza a flotar a su alrededor un aire de corrupción que debilita su discurso. Gente como Adorni lo está hundiendo, y él no reacciona.
Así las cosas, la reelección parece hoy muy complicada. ¿Y quién puede venir?
El peronismo no parece opción, porque no tiene líder ni proyecto, y lo peor de todo es que está dividido. Y el peronismo dividido nunca gana. Tampoco parece fácil que se una, porque el kirchnerismo fanatizado no cede un centímetro, y el antikirchnerismo está harto de obedecer a Cristina. La sociedad, mucho más.
Pero atención, porque el oficialismo también está dividido. Los músculos que hoy muestra Milei están alimentados por oportunistas que se acomodaron sin convicción, sólo para estar del lado del poder, comenzando por radicales vendidos y macristas sin votos. Pero muchos de ellos olfatean la debilidad de Milei y ya empiezan a imaginarse como opción, con Patricia Bullrich y Mauricio Macri a la cabeza.
Tenemos entonces una oposición partida y un oficialismo partido, lo que abre el escenario para nuevas opciones, una cara y una propuesta nueva, a las que pueden sumarse los votantes que están cansados del kirchnerismo, del macrismo y de Milei, porque en definitiva ninguno les resolvió nada.
Con ese panorama, el armado político de Dante Gebel avanza de manera sigilosa pero constante. Bajo el sello “Consolidación Argentina”, el predicador y empresario comenzó a reclutar dirigentes disconformes con las fuerzas actuales. Aunque el propio Gebel posterga definiciones, su estructura nacional ya cuenta con terminales operativas.
Gebel es distinto, convence, no odia, propone. Y cada vez tiene más seguidores. La estrategia combina el fuerte liderazgo emocional del conferencista con una propuesta transversal que busca atraer al electorado medio. En el plano territorial, el movimiento suma apoyos y hoy lo alientan a postularse desde empresarios a sindicalistas.
La fuerza se define como una opción opositora no destructiva, y puede congregar a sectores importantes del propio peronismo y el liberalismo.
Los operadores de Gebel intentan pescar en el complejo río revuelto que dejó la renovación del PJ y los cambios del Frente Renovador. La expansión provincial también registra brotes en el norte y el sur del país.
Desde el entorno de Gebel apuestan firmemente a los valores de su referente para cubrir lo que diagnostican como una acefalía política. El fenómeno representa un choque de liderazgos con rasgos particulares, donde el voto religioso y la fe juegan un papel inédito en el país. Gebel camina el escenario con cálculo milimétrico y paso lento, reuniéndose con mandatarios clave como el cordobés Martín Llaryora. Su discurso apela a la reconstrucción urgente de la clase media.
De este modo, “Consolidación Argentina” se posiciona como un movimiento que amalgama a peronistas, radicales y liberales por igual. La captación de dirigentes heridos del oficialismo nacional es hoy su principal combustible para ensanchar las bases territoriales. Con su espectáculo “Presidante”, el comunicador mide su real alcance popular mientras sus armadores tejen las redes en el interior.
El escenario hacia el futuro cercano plantea una polarización singular, marcada por las creencias personales y la gestión de las emociones.
Falta ver si este goteo se transforma en una estructura capaz de disputar seriamente el poder real en los próximos años.
No se pueden hacer vaticinios sobre el proyecto político de un hombre que ni siquiera se presentó todavía como candidato. Pero a no sorprenderse porque algo está pasando. Y hay alguien que tiene ideas claras y mucho que ofrecer.
Por lo pronto, el proyecto de Gebel gana volumen y densidad política, convirtiéndose en una alternativa a seguir con extrema atención.