¿Cuál es el límite de la alianza?

¿Amor o interés? ¿Entendimiento o sólo negocios? ¿Convicción o conveniencia? La relación entre el gobernador Raúl Jalil, y el presidente Javier Milei, se caracteriza por ser una alianza pragmática de mutuo beneficio y diálogo institucional constante.
A pesar de pertenecer al peronismo (Unión por la Patria), Jalil se consolidó como uno de los gobernadores opositores más dialoguistas y cercanos a la gestión de La Libertad Avanza.
Parte del peronismo (en especial el kirchnerismo) le hace la cruz por ese acercamiento. Otros sectores ya imaginan una alianza electoral para el 2027. ¿Fantasía o realidad?
Hay algunos ejes clave de la relación. Primero, el apoyo legislativo y presupuestario. Jalil respaldó iniciativas cruciales para la Casa Rosada, incluyendo el Presupuesto Nacional. El gobernador defiende públicamente su postura argumentando que “las elecciones terminan y empieza la gestión”.
Otro punto fuerte de coincidencia es la minería. No hay roces, los dos apoyan y promueven el RIGI. Jalil y Milei tienen la misma lectura del negocio minero.
Jalil apoyó cada movimiento y a cambio de su colaboración, el Gobierno de Milei cedió a Catamarca un mayor control de activos estratégicos. Específicamente, transfirió el control de la minera Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD), y marchan juntos a la hora de armar la agenda internacional y buscar inversiones. El alineamiento se extendió al plano internacional. Jalil participó en misiones mineras globales junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y fue invitado formalmente por el Presidente a la comitiva oficial de la Argentina Week en Nueva York para atraer inversores extranjeros.
Hoy se llevan fenómeno y a los dos les conviene. Este vínculo le permite al Gobierno nacional asegurar gobernabilidad y votos clave en el Congreso, mientras que la provincia de Catamarca mantiene el flujo de recursos para la obra pública local y consolida el desarrollo de la minería de litio y cobre.
La relación representa un pacto de mutuo beneficio donde la gobernabilidad se intercambia por recursos clave. Para Milei, significa la posibilidad de avanzar con sus reformas estructurales gracias al apoyo de un sector de la oposición. Para Jalil, implica consolidar el desarrollo productivo de Catamarca y blindar su economía local frente a la crisis nacional.
A nivel electoral, falta mucho camino por recorrer. Pero hoy Jalil puede ser más garantía de seguridad para Milei que los propios candidatos libertarios. Así como Arnoldo Castillo fue el mejor alumno de Domingo Cavallo en los ’90, un radical en perfecta sintonía con un “peronista-liberal”, hoy un peronista puede ser el mejor amigo del liberal libertario.
Por algo esta sólida relación enoja tanto al peronismo: porque funciona.