Francia vivió una nueva jornada de protestas en distintas ciudades del país, donde las manifestaciones terminaron con enfrentamientos entre grupos de manifestantes y las fuerzas de seguridad. Los incidentes incluyeron barricadas, incendios de contenedores y bloqueos en las principales vías de circulación.
Durante los operativos, la policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a algunos grupos y recuperar el control de las zonas afectadas. Como consecuencia de los enfrentamientos, se registraron decenas de detenciones por presuntos delitos de atentado contra la autoridad y vandalismo.
Las protestas también provocaron interrupciones en el transporte público y dificultades para circular por las principales avenidas. Además, numerosos comercios cerraron sus puertas y protegieron sus vidrieras ante el riesgo de saqueos.
Ante la situación, el Ministerio del Interior desplegó alrededor de 70.000 policías en todo el país para reforzar la seguridad y proteger edificios públicos y zonas comerciales. También se movilizaron efectivos militares de la operación antiterrorista Sentinelle para vigilar puntos estratégicos.
Las movilizaciones se desarrollaron en un contexto de descontento por el costo de vida y las dificultades en los servicios públicos. En las últimas semanas, estudiantes, trabajadores y organizaciones sindicales se sumaron a las protestas en distintas ciudades francesas.
Pese al despliegue de seguridad, las autoridades debieron intervenir en varios puntos para dispersar a los manifestantes y evitar nuevos incidentes.





