El gobernador Raúl Jalil montó en cólera con el joven tinogasteño Sebastián Nóblega, que puso en riesgo el romance del mandatario catamarqueño con Casa Rosada, justo en las vísperas del esperado arribo de Javier Milei a la provincia.
Como se sabe, en diciembre del año pasado Jalil se burló del electorado catamarqueño, rompió en pedazos el bloque peronista de Unión Por la Patria y formó un esperpento llamado “Elijo Catamarca”, para desmarcarse de los incómodos mandatos de Perón y Evita y poder poner los preciados votos de Sebastián Nóblega, Fernando Monguillot y Fernanda Ávila sumisamente al servicio del proyecto libertario.
Pero justo a una semana de la sesión especial pedida por la oposición, el inexperto Nóblega se emocionó con los lemas de La Patria no se Vende, y se largó a inventar primicias para los medios.
Así, salió a decir públicamente que asistiría a la sesión junto con Monguillot y Ávila, y que los tres votarían por el rechazo al DNU 70/2023 para defender la Ley de Tierras Rurales
“Hemos decidido acompañar la sesión y somos firmes defensores de la Ley”, afirmó el catamarqueño en Radio Esquiú, y la declaración no tardó más que segundos en aterrizar en los medios nacionales.
Ahí nomás hirvieron los teléfonos de Casa de Gobierno con llamados desde Buenos Aires. “¿Qué es esto?¿Nos están jodiendo?”, reclamaron los amigos libertarios.
En menos que canta un gallo empezaron a apretarlo todos a Nóblega para que diera marcha atrás, pero lo dicho, dicho estaba, y ya no había manera de arreglarlo.
Desde Provincia empezaron a llamar a todos para rogar que no se tomara en serio el lapsus de Nóblega, porque era una bomba de tiempo que podía hacer explotar los acuerdos de Jalil con Milei.
“¿Cómo nos va a arruinar las negociaciones una semana antes? ¡Nos está prendiendo fuego! ¡Que salga ya a desmentir!” gritaban en la plana mayor del Ejecutivo.
De Casa Rosada llamaban a Catamarca, de Casa de Gobierno llamaban a Nóblega, todos llamaban a los medios, y el jueves fue un día de furia.
“Avísenle a este chico quién le paga el sueldo y que aprenda a callarse la boca”, fue la orden final.
Pobre Nóblega.





