Luego de la desaceleración inflacionaria registrada en abril, el Gobierno nacional apunta a sostener ese sendero descendente en los próximos meses mediante una estrategia centrada en el control de variables sensibles como tarifas, combustibles y alimentos, tres componentes que tienen fuerte impacto en el índice general de precios.
El dato oficial del Indec mostró que la inflación de abril se ubicó en torno al 2,6%, lo que implicó una baja respecto del mes anterior y cortó una seguidilla de diez meses de aceleración. En ese contexto, el equipo económico considera que el desafío ya no es solo bajar el indicador de un mes puntual, sino consolidar una tendencia sostenida que permita estabilizar expectativas.
Según estimaciones de consultoras privadas y del propio relevamiento del Banco Central, mayo podría volver a mostrar una leve desaceleración, con proyecciones que ubican el índice en torno al 2,3%, en línea con un escenario de estabilidad relativa en los precios regulados.
Uno de los ejes centrales de la estrategia oficial pasa por evitar sobresaltos en tarifas de servicios públicos. En ese sentido, el Gobierno viene aplicando aumentos moderados y escalonados, junto con postergaciones parciales de ajustes en algunos componentes energéticos, con el objetivo de que el impacto no se traslade de manera directa al índice de precios al consumidor.
En paralelo, el precio de los combustibles aparece como otro factor clave. Luego de los incrementos registrados en marzo, en los últimos meses las petroleras mantuvieron ajustes más acotados, lo que ayudó a contener el impacto en el transporte y en la cadena de costos general.
Los alimentos, que representan el rubro de mayor incidencia en la canasta básica, también son monitoreados de cerca. El Gobierno confía en que una relativa estabilidad en este segmento pueda contribuir a consolidar la desaceleración inflacionaria, aunque el comportamiento de este sector sigue siendo uno de los más sensibles a variaciones estacionales y de costos.
En este escenario, la administración nacional busca sostener una política de “anclaje” de precios regulados y coordinación con sectores clave de la economía, con la expectativa de que la baja inflacionaria no sea puntual, sino parte de un proceso más sostenido durante la segunda mitad del año.





