La autoridad electoral de Perú confirmó oficialmente que Keiko Fujimori y Roberto Sánchez competirán en la segunda vuelta presidencial prevista para el próximo 7 de junio, en una elección atravesada por la crisis política e institucional que afecta al país desde hace varios años.
El Jurado Nacional de Elecciones oficializó los resultados luego de más de un mes de revisiones y demoras en el conteo de votos correspondientes a la primera vuelta realizada en abril. Según los datos difundidos, Fujimori obtuvo alrededor del 17% de los sufragios, mientras que Sánchez consiguió cerca del 12%, superando por un margen estrecho al dirigente conservador Rafael López Aliaga.
La confirmación del balotaje llega en medio de un escenario de alta polarización y cuestionamientos sobre la transparencia del proceso electoral. Durante las semanas posteriores a la votación, distintos sectores denunciaron supuestas irregularidades, aunque observadores internacionales y organismos electorales descartaron evidencias de fraude.
Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, volverá a disputar una segunda vuelta presidencial, algo que ya ocurrió en elecciones anteriores. Su figura continúa generando fuertes divisiones dentro de la sociedad peruana entre quienes reivindican el legado económico del fujimorismo y quienes cuestionan el carácter autoritario de aquel período político.
Por su parte, Roberto Sánchez representa a Juntos por el Perú y aparece vinculado a sectores de izquierda y movimientos populares cercanos al expresidente Pedro Castillo. Analistas políticos sostienen que uno de sus principales desafíos será ampliar alianzas y captar el apoyo de los votantes que respaldaron a otros candidatos en la primera vuelta.
El proceso electoral también expuso dificultades logísticas y tensiones institucionales. Las autoridades electorales reconocieron fallas en la organización de los comicios y anunciaron medidas para reforzar los mecanismos de control y transparencia de cara al balotaje.
Perú atraviesa desde hace años una profunda inestabilidad política marcada por cambios constantes de gobierno, enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso y fuertes protestas sociales. En menos de una década, el país tuvo varios presidentes y atravesó procesos de destitución, renuncias y crisis institucionales que deterioraron la confianza ciudadana en la dirigencia política.





