En medio de las tensiones internacionales por Medio Oriente y la disputa global por el petróleo, el gobierno de Estados Unidos volvió a poner el foco en los fenómenos aéreos no identificados. La administración de Donald Trump ordenó la desclasificación de una serie de documentos y archivos históricos sobre ovnis que, según reconoció el propio Departamento de Guerra, contienen numerosos casos que aún no tienen explicación oficial.
“Ha llegado el momento de que el pueblo estadounidense los vea por sí mismo”, expresó Pete Hegseth a través de redes sociales, al anunciar la publicación del material.
Los documentos comenzarán a difundirse de manera gradual e incluyen más de 160 expedientes, algunos de ellos fechados en la década de 1940. Entre los archivos aparecen reportes sobre “discos voladores”, informes de inteligencia de la Fuerza Aérea clasificados como “máximo secreto” y testimonios recientes de agentes federales que describieron extrañas luces naranjas y rojas en el cielo.
Desde el Departamento de Guerra aclararon, sin embargo, que la desclasificación no implica la confirmación de vida extraterrestre. “Los materiales archivados corresponden a casos no resueltos, lo que significa que el Gobierno no puede determinar de forma definitiva la naturaleza de los fenómenos observados”, señalaron en un comunicado.
La decisión marca un giro respecto de lo informado por el Pentágono en marzo de 2024, cuando aseguró no tener pruebas de tecnología alienígena y atribuyó muchos de los avistamientos a globos meteorológicos, satélites o aeronaves militares.
Pese a eso, la administración Trump decidió avanzar con la publicación de los archivos y presentó la iniciativa como un gesto de transparencia. “Ningún otro presidente ni administración en la historia alcanzó este nivel de apertura sobre los UAP”, sostuvieron desde la cartera de Defensa, utilizando la sigla oficial para referirse a los fenómenos anómalos no identificados.
La movida también reavivó antiguas declaraciones de Barack Obama, quien años atrás había reconocido que existen registros de objetos que “no pueden explicarse fácilmente”, aunque negó haber visto evidencia concreta de contacto extraterrestre o supuestas pruebas ocultas en el Área 51.
Mientras tanto, la difusión de los archivos generó una fuerte repercusión en redes sociales y reabrió el debate sobre qué parte de estos fenómenos responde a tecnología desconocida, pruebas militares secretas o simples errores de interpretación.
Los documentos, videos y fotografías fueron respaldados por distintas agencias estadounidenses, entre ellas la NASA, el FBI, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y el organismo especial creado para investigar anomalías aéreas.
La publicación de los archivos llega además en un contexto político delicado para Washington, atravesado por la escalada de tensiones en Medio Oriente. Para algunos analistas y usuarios en redes, el renovado interés oficial por los ovnis funciona también como una estrategia para desviar la atención pública de los conflictos internacionales y de la creciente presión geopolítica sobre Estados Unidos.





