Lo convirtieron en una modalidad, convencidos de que ahora hacer política es mostrarse en redes sociales, hacerse conocidos. No aportan nada, no solucionan nada, son cultivadores de la indignación, actores frustrados, gente que dedica la mayor parte de su día a filmarse para ganar espacio en videítos que hacen circular en Facebook, WhatsApp, Tik Tok.
Van buscando basura, donde hay y donde no hay, se muestran enojados, siempre molestos, siempre en modo justicieros, aspirantes a Lanata de entrecasa.
Unos filman baches, a otros se les va la mano. Se meten en oficinas públicas a filmar de prepo, a intimidar a trabajadores, a generar escándalo, a presionar a gente que cobra sueldos diez veces menores que ellos.
Están apurados, presionan, exigen, juegan con el mal momento de simples empleados, los exponen, los agreden. Todos pasan a ser actores de reparto en sus películas, donde asumen posturas de héroes.
Hacen eso en lugar de trabajar de verdad. Buscan beneficio personal, ganancia inmediata. Si muestran algo que está mal, les sirve. Si ven algo roto les suma. Si no ven nada siembran la duda, ensucian, hacen daño.
Son incoherentes, están desinformados, hablan sin saber, dicen cualquier cosa con tal de que el videíto funcione.
Juegan con deslealtad, van por los más débiles, revuelven mugre. Y cobran del Estado, muy bien, para criticar al Estado.
La política catamarqueña se está deformando en una batalla de youtubers o influencers de poca monta, juntadores de likes y visualizaciones que pasan más tiempo frente al celular que leyendo.
Creen que eso funciona. Creen que están creciendo. Creen que es la manera más rápida de hacerse conocidos y que les ayudará a juntar votos.
Creen que son modernos y entendieron todo, hijos de la doctrina del algoritmo , denunciadores seriales, figuretis a sueldo.
Hasta ahora no solucionaron ni un solo problema de la gente con sus videítos, ni los van a solucionar. La propaganda barata está de moda. A ver si en algún momento se ponen a trabajar de verdad.
El catucho





