El acto oficial de Catamarca en la 50º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires tuvo a la poeta Rosario Andrada como protagonista de un encuentro que giró en torno a su poesía y a su mirada -sensible y comprometida- sobre Catamarca, su naturaleza y su historia.
La tarde noche del viernes 24 de abril, en el salón Ernesto Sábato del Pabellón Azul de La Rural, se concretó el Día de Catamarca y, nuevamente, fue punto de encuentro de muchos catamarqueños que viven en Buenos Aires y acompañan cada actividad promovida desde la provincia.
La secretaria de Gestión Cultural, Laura Maubecín y la directora de Bibliotecas y Archivo Celia Sarquís dieron la bienvenida a este evento de las letras catamarqueñas del que también participaron la directora de Patrimonio y Museos, Edith Cardoso, la secretaria de la Casa de Catamarca en Buenos Aires, Anina Mosconi y la presidenta de la SADE Catamarca, Hilda Angélica García.
“Estamos muy contentos de poder estar en esta edición tan importante de la Feria del Libro con este acto y con un stand que presentamos junto a las provincias del Norte y que nos permite difundir la producción editorial de Catamarca y la región”, destacó Maubecín. También acompañaron el inicio de las actividades catamarqueñas en la FIL los secretarios de Cultura de La Rioja, Patricia Herrera; de Jujuy, José Rodríguez Bárcena; y de Tucumán, Humberto Salazar, mostrando la integración del bloque regional cultural.
Víctor Aybar, de El Guadal Editora, presentó “Trilogía Andina”, el título bajo el cual el sello editorial republica tres obras fundamentales de la lírica de Andrada: Huayrapuca, la madre del viento (2014), Suri patitas largas (2015) y Wanaku (2017)
“La obra de Rosario Andrada -señaló Aybar- constituye, para nosotros, un punto de referencia ineludible dentro de la poesía catamarqueña. En su escritura encontramos una poética que enlaza la palabra desde una conciencia profunda. Su obra no se limita a representar el paisaje andino, sino que construye una geografía viva, un territorio que dialoga con lo mítico, lo político y lo existencial”.
El jaguar primero, el suri después y finalmente guanaco -destaca Aybar- se integran “al bestiario que caracteriza a la obra de María del Rosario Andrada”, en el que dibuja un territorio que rompe “los límites geográficos y políticos para proponernos una región única, que es una sola memoria de hombres y tierra”.
La poeta fue la encargada de recitar algunos de sus textos, que fueron seguidos en silencio y con respeto por el auditorio.
El cierre musical también tuvo raíz andina y evocó vidalas y coplas, a través de la propuesta de Catamarcanas. Itatí y Belén Parma combinaron algunos versos de Rosario Andrada con coplas tradicionales rescatadas por Leda Valladares y una vidala de Margarita Palacios como epílogo de un acto en el que Catamarca reconoció y desplegó con orgullo su identidad en el evento editorial más importante de Latinoamérica.





