El escándalo por los créditos hipotecarios VIP del BNA con los que se benefició a una selecta lista de funcionarios y legisladores desnuda una ya tristemente recurrente práctica de la casta política: el uso discrecional, ventajista y abusivo de los recursos destinados al crédito. Un maña que viene desde tiempos inmemoriales, que no distingue partido político y que en Catamarca también dejó, a lo largo de la historia, sus capítulos turbios.
Para empezar, vale aclarar que señalar que esta aberración en la gestión financiera no es nueva y atraviesa históricamente a todas los partidos e ideologías no implica relativizar la gravedad ni diluir la responsabilidad política. Más bien, es para demostrar el nivel estructural que alcanzó la administración infiel.
Iniciando el rastreo histórico de hechos análogos en Catamarca, para los que peinan canas es inevitable evocar la memoria y destino del extinto Banco de Catamarca, una entidad financiera pública, nacida para el “fomento del acceso al crédito de los habitantes y empresas de la Provincia” y destruida por la angurria de sus sucesivos administradores.
Quienes conocen la historia en profundidad señalan que la utilización “política” del Banco de Catamarca fue un mal que aquejó a la entidad financiera casi desde sus inicios en la década del ´30 del siglo XX. Aún cuando se lo había pensado como un organismo de capital y gerenciamiento público privado, la avidez del funcionariato lo empezó a corroer casi desde su nacimiento.
En la historia mucho más reciente, estos hechos se volvieron crasos, flagrantes y sistémicos. Con la provincialización del banco durante el gobierno de Ramón Saadi se allanó el camino para que la casta política tome el control total de la entidad y de rienda suelta al nepotismo financiero, que se extendió hasta su liquidación final durante el gobierno de Oscar Castillo.
En el medio, durante casi 20 años, el Banco de Catamarca fue la caja de uso discrecional y maniobras económicas de la clase política y empresarial cercana al poder. El otorgamiento de créditos preferenciales a familiares y amigos, en gestiones opacas, sin garantías reales, en condiciones de insolvencia y que nunca se recuperaron, carcomieron desde adentro a la entidad, hasta que la secaron.
Cuando la gallina dejó de poner los huevos de oro, sencillamente la liquidaron. A principios del 2000, lo que había empezado el peronismo lo termino el radicalismo, maniobrando su transferencia al BNA y escondiendo todos los desmanejos bajo laberintos de tramiterios jurídicos y vericuetos financieros.
Dos décadas de manejos espurios dejaron una interminable lista de hechos sospechados de corrupción y manejos discrecionales del capital bancario que, aunque nunca se aclararon administrativa ni judicialmente, no dejan dudas de su existencia. El Banco de Catamarca fue expoliado en beneficio del poder político y sus círculos cercanos, por el peronismo y el radicalismo, sin distinción.
Luego, en esta retrospectiva, se pueden incluir muchos otros hechos que confirman la tesis inicial. No es un partido o un gobierno. Es la inmoralidad enquistada en la política.
Se podrían citar los manejos turbios de los diferimientos impositivos con los que, durante años, las empresas cercanas al poder político de la provincia, y con su convivencia, concretaron evasiones impositivas multimillonarias que generaron interminables pesquisas judiciales y administrativas que nunca esclarecieron nada. La condonación de impuestos a cambio de inversiones productivas fue la pantalla para una monumental defraudación al fisco. El resultado fue decenas de proyectos fantasma y millones de impuestos condonados a los amigos.
También se podrían incluir el escándalo de los Programa para el Desarrollo del Turismo de Catamarca, en el que se direccionaron los créditos FONDETUR a empresas y operadores turísticos discrecionalmente y, en algunos casos, a cambio de retornos. Causa con un recorrido judicial eterno.
Más acá en el tiempo, siempre en la zona gris entre lo antiético e ilegal, se puede mencionar el uso de las herramientas de créditos con tasas negativas y subsidios enfocados en fomentar la industria y la producción, siempre beneficiando al mismo círculo de empresarios, testaferros, amigos y funcionarios emprendedores que generan negocios e inversiones con la plata del Estado. Un circuito viciado de aprovechamiento ventajista de los recursos públicos desde los espacios de privilegio.
Y también se puede incluir, según comentan, el uso de programas de mejoras habitacionales destinadas a sanear viviendas precarias con obras básicas que garanticen el acceso a estándares mínimos, como un baño o una cocina salubre, y que terminan financiando el quincho, la pileta o la ampliación de mansiones en los countries del Valle Central.
Los créditos hipotecarios del Banco Nación son escandalosos. Pero no novedoso. Y eso es demoledor. No importa el partido, la ideología, el momento ni el ámbito. La política se maneja como una casta que administra para su propio beneficio. El ventajismo y la ambición están siempre que hay recursos para administrar. Y las porciones más grandes siempre son para ellos.





