El juez especializado en niñez y adolescencia, Rodrigo Morabito, analizó la preocupación generada por las amenazas en escuelas de Catamarca y otras provincias, y advirtió que se trata de una situación “delicada y compleja” que afecta a estudiantes, docentes y a toda la comunidad.
Si bien aclaró que no intervino directamente en los casos y que la investigación está en manos de la fiscalía, el magistrado remarcó la importancia de la prevención y del acompañamiento familiar. En ese sentido, insistió en que los padres deben involucrarse más en el control del uso de celulares y redes sociales por parte de los adolescentes.
Morabito sostuvo que es necesario supervisar qué consumen los jóvenes, con quién interactúan y cómo canalizan sus problemas. También consideró que la presencia policial en los establecimientos educativos es una medida preventiva ante la situación actual, aunque la calificó como “inusual”, y señaló que el primer control debe darse en el ámbito familiar.
El magistrado advirtió además sobre el impacto de la violencia social y el uso de redes, y mencionó un trabajo de seguimiento que indica que los medios suelen mostrar a los adolescentes vinculados a hechos policiales o penales, lo que refuerza una mirada negativa. “No es culpa de los medios, es algo que ocurre, pero la violencia social está cada vez más presente”, expresó.
En esa línea, cuestionó la dinámica de las redes sociales, donde —según dijo— muchas veces se opina sin fundamentos y con agresiones. “Los adultos también estamos violentos y eso los chicos lo ven. Discutimos con insultos y degradación, y ellos consumen ese modelo”, indicó.
Morabito también planteó la necesidad de debatir límites en el uso de la tecnología por parte de menores, incluso con regulaciones según la edad, y subrayó que la responsabilidad principal recae en las familias. “Los chicos necesitan diálogo. Si no encuentran respuestas en los adultos, las buscan en las redes, en algoritmos o incluso en la inteligencia artificial”, advirtió.
Finalmente, remarcó que el acompañamiento cotidiano es clave: “Preguntarles qué les pasa, escucharlos y guiarlos es fundamental. La conectividad es un derecho, pero también requiere control y responsabilidad por parte de los padres”, concluyó.




