Decir que Luis Barrionuevo pierde una elección en el sindicato gastronómico es mucho, pero que la pierda en la seccional Catamarca es demasiado, tanto que ya muestra un olorcito a final en la controvertida carrera del catamarqueño más poderoso del último medio siglo.
Es un golpe histórico porque es el mandamás de UTHGRA a nivel nacional desde hace mil años, desde los ’70, y que pierda en “su” provincia no es casualidad, ni que se le escapó la tortuga: es la cosecha de lo que sembró.
Porque además, hay que subrayarlo, no le ganó un paracaidista, ni un foráneo ayudado por el poder de turno: no, le ganó Abel Castillo, un mozo de verdad, un laburante querido y respetado de hace muchos años. Y de yapa, peronista, miembro de la Junta del Circuito 3 del PJ, un tipo superconocido al que quieren sus colegas y sus clientes.
Hay que tener cuidado, porque Barrionuevo es democrático solamente cuando gana. Cuando pierde judicializa, hace escándalo y no sería raro que invente algo para no entregar el gremio. Pero el resultado y el voto de los afiliados está ahí, como una señal que debería ver.
Es un final patético para el poderoso Luis, que cerca de sus 84 años recibe una estocada que muestra que perdió su propio territorio.
Y no sorprende, porque siempre hizo la suya, siempre con deslealtad hacia el peronismo, siempre usando el gremio en su beneficio.
Ojo, es verdad que hizo cosas importantes para los gastronómicos, y también es verdad que lo proscribieron y no lo dejaron ser gobernador cuando mandaba el Frente Cívico, pero como peronista se portó muy mal.
Amigote de Coti Nosiglia, amigote de Macri, ¡interventor del PJ!, y para venir más cerca, porque no hace falta hacer tanta historia, hasta le hizo campaña a Milei. Mal peronista, mal compañero.
Ni hablar en Catamarca, que cuando el peronismo recuperó el poder salía a decir que seguía el FCS. Y siguió atacando hasta que le convidaron una porción de torta, que mantiene hasta hoy con Raúl Jalil, con cargos y ministerios para su familia.
Y hubo un quiebre, y hay que decir lo que otros callan: fue el asesinato de Juan Carlos Rojas, Rojitas.
Pasaron años y la Justicia no hizo nada, la política no hizo nada, pero la confianza se quebró para siempre. Los gastronómicos vieron que Barrionuevo siguió prendido con el gobierno que ignoró a su ministro asesinado, y se le cayó la máscara.
Se descubrió que a Luis no le importa nada más que su propio beneficio, y así le fue. Esta derrota de Luis, este triunfo de Castillo, es un cambio de época. Toda la suerte para el querido mozo, y que sea para bien.





