Con otro semblante, más dificultades para hablar y expresar ideas, confesando que se olvida las cosas, reapareció Luis Barrionuevo, el sempiterno dirigente gastronómico que en cada elección vuelve en busca de protagonismo, siempre con sentencias apocalípticas y revelaciones.
Barrionuevo habló en el streaming de La Nación, entrevistado por un cálido y amable Carlos Pagni, quien lo trató con cariño, abriéndole la puerta para que cuente anécdotas de infancia, a propósito de la película-documental que el villacubano presentará en pocos días.
Se vio a un Barrionuevo desteñido, desvariando de a ratos, con el mismo discurso pero sin fuerza, que si hace unas décadas metía miedo hoy genera ternura.
Es la lectura obligada para el dirigente de 84 años, que invita más a la mirada condescendiente que a la crítica.
Barrionuevo se mostró como una caricatura de sí mismo, y la sensación que dejó es que se terminó creyendo su propio personaje.
Por eso cuesta enojarse, porque la sarta de incoherencias que soltó impiden tomarlo con seriedad, y dejan la imagen de un señor que dice cualquier cosa, al que ni vale la pena responderle.
Porque Barrionuevo, en este ocaso, se autopercibe como un paladín de la justicia social, que se alejó del menemismo por la corrupción, y si ese es el punto de partida, lo único que nos queda es levantar la carpa y nos vamos todos.
Este Barrionuevo que se declara peronista pero siempre jugó en contra del peronismo, amigote de Coti Nosiglia, que se puso al servicio de Mauricio Macri (llegando a la payasada de asumir como interventor del PJ), le hizo campaña a Javier Milei y se sirvió siempre a sí mismo, no tiene ninguna autoridad para decir nada.
Sigue pensando que se las sabe todas, y no puede ni resolver la podredumbre de su propio gremio, judicializado hace años, y mucho menos responder por desvíos de fondos multimillonarios en dólares, de causas irresueltas como la de Obra Social del Personal de Seguridad Pública (OSPSIP), un fraude se habría ejecutado durante una intervención de la obra social dispuesta por decreto presidencial. Dicha intervención estuvo a cargo de un médico allegado a Barrionuevo (Sigifredo Jorge Banegas) y contó con el asesoramiento del propio abogado del dirigente gastronómico. Una auditoría posterior detectó que los fondos de salud de los afiliados terminaron presuntamente desviados mediante pagos irregulares a fundaciones fantasmas o prestadoras vinculadas al entorno del sindicalista.
Un caso de los tantos que Barrionuevo protagonizó, como la quema de urnas, los retornos hasta para comprar un alfiler (dicho por él), y la propuesta incumplida de tratar de no robar por dos años, en el país donde nadie hace la plata trabajando, según sus propias palabras.
Este Barrionuevo que anuncia que va a “bajar” a Catamarca para ser candidato, con la pólvora mojada, ya es sólo una caricatura.
Sus historias de luchador contra la corrupción, su personaje del tipo que todo lo ve, lo entiende, lo anticipa y lo sabe antes que los demás, pueden ser muy lindas para que la escuchen los nietos, pero no para quienes sí vivimos como él en las últimas décadas y tenemos memoria.





