El tablero catamarqueño rumbo a 2027

Si, es muy pronto para cálculos electorales, pero veamos la foto del momento. A medida que transcurre el segundo semestre de 2026, la política en Catamarca empieza a abandonar la modorra de la gestión diaria para sumergirse en las corrientes subterráneas del año preelectoral. Aunque las elecciones gubernamentales están fijadas para 2027, el verdadero partido ya comenzó a jugarse en los despachos oficiales y en los armados territoriales. El panorama actual expone un oficialismo que busca ordenar su sucesión interna con pragmatismo y una oposición atrapada en el laberinto de la construcción de identidades y la falta de liderazgos aglutinadores.

La primera gran incógnita que se despeja es la fecha de los comicios. Raúl Jalil unificará el calendario con los comicios presidenciales de octubre.

En el plano de los nombres, el peronismo gobernante parece haber trazado su hoja de ruta con antelación. Pero no se confirmó si Raúl Jalil optaría por competir o por no forzar un tercer mandato consecutivo a la gobernación, despejando el camino para que Gustavo Saadi, se perfile como el favorito natural del oficialismo para retener el Poder Ejecutivo provincial. Esta ingeniería situaría a Jalil en la carrera por una banca en el Senado de la Nación.

Sin embargo, el ecosistema oficialista sumó una nueva variable con la reciente obtención de la personería jurídica de “Encuentro Catamarca”, un partido de alcance provincial liderado por el exlegislador Fernando Jalil, hermano de Raúl, que se largaría solo (como anticipó este Catucho) y reconfigura las tensiones y las mesas de negociación internas dentro del peronismo local.

Por el lado de la oposición, el panorama asoma considerablemente más fragmentado. La Libertad Avanza (LLA), fortalecida por la narrativa nacional, busca consolidar una estructura jurídica y territorial propia en los departamentos del interior, donde tradicionalmente ha carecido de inserción orgánica.

Sin embargo, la dificultad para encontrar una figura rutilante y unívoca que encabece la boleta a gobernador sigue siendo su principal talón de Aquiles. Mientras tanto, el radicalismo y el PRO, golpeados por las divisiones estructurales de los últimos años, debaten entre sumarse de forma subordinada al esquema libertario o intentar una reconstrucción autónoma que devuelva el protagonismo a los partidos tradicionales, lo que parece más difícil.

Las encuestas y los sondeos preliminares de consultoras privadas que circulan en el círculo político reflejan una marcada volatilidad. El electorado catamarqueño manifiesta signos de fatiga respecto a las gestiones prolongadas. No obstante, esa demanda de renovación colisiona con la dispersión de la oferta no oficialista.

La cercanía o distancia de los líderes locales con la gestión central de Javier Milei opera como un arma de doble filo: por un lado, tracciona el voto de un sector refractario al peronismo tradicional; por el otro, expone a los candidatos a las acusaciones de traición si van por el voto peronista.

Catamarca ingresa así a una etapa de definiciones cruciales. El peronismo, asentado en su control territorial y en la figura consolidada de Saadi en la Capital, corre con la ventaja de la previsibilidad interna. La oposición, en sus diversas vertientes, corre contra el reloj para transformar el descontento disperso en una alternativa competitiva.

Quien logre descifrar primero el humor de una sociedad cambiante y apática será quien logre inclinar la balanza de cara al decisivo 2027. Pero claro, falta mucho…