A casi cuatro años del hallazgo sin vida del exministro de Desarrollo Social, Juan Carlos Rojas, la sociedad catamarqueña asiste a uno de los episodios más alarmantes en la historia de sus instituciones judiciales. Lo que comenzó en diciembre de 2022 con un grosero intento oficial de catalogar el hecho como una “muerte natural”, hoy corre el riesgo inminente de consolidarse bajo una figura legalmente higiénica pero moralmente intolerable: el archivo definitivo de la causa por inexistencia de delito.
La reciente controversia en torno al ateneo médico forense -plagado de fallas técnicas de audio que limitaron el control del perito de la familia- parece haber sido el vehículo perfecto para diluir la hipótesis del magnicidio. Al reinstalar la ambigüedad de un “accidente doméstico” o una “causal natural”, las autoridades judiciales abren la compuerta jurídica para clausurar el expediente principal y, de manera consecuente, extinguir la causa conexa por encubrimiento agravado.
¿Cómo se le explica a la ciudadanía que un ministro en funciones muera a causa de un traumatismo craneoencefálico severo, en un escenario donde se borraron archivos informáticos clave de su despacho dos días después de fallecido, y que la conclusión final sea que “no hay delito que perseguir”? La cadena de irregularidades -que incluyó el apartamiento del primer fiscal, la alteración de la escena del crimen y la orfandad probatoria intencional- no representa una sumatoria de descuidos técnicos; configura, más bien, un síntoma inequívoco de impunidad institucionalizada.
El archivo de la causa Rojas no traería paz, sino la alarmante confirmación de que en Catamarca el poder político y la inoperancia judicial pueden sepultar la verdad. La Cámara de Apelaciones tiene ante sí la responsabilidad histórica de decidir si convalida un proceso pericial viciado o si garantiza el derecho elemental de las víctimas y de la sociedad a saber qué ocurrió. Dejar morir la causa penal equivale a convalidar que en nuestra provincia la justicia es una quimera reservada solo para quienes no incomodan al poder.
Lo más triste es que si la causa se archivara, no sorprendería a nadie. Desde el minuto cero todo apunta a ese destino.





