La crisis del ingreso en Argentina volvió a quedar expuesta en un nuevo informe privado que encendió alarmas sobre el nivel de endeudamiento familiar. Según el último Monitor de Opinión Pública (MOP) de la consultora Zentrix, el 56,4% de los hogares tomó deuda en los últimos seis meses para afrontar gastos corrientes, en un escenario marcado por la pérdida de poder adquisitivo, la presión inflacionaria y salarios que no logran acompañar el costo de vida.
El dato más preocupante del relevamiento es que el endeudamiento ya dejó de ser una herramienta transitoria y empezó a transformarse en un problema estructural: dentro de los hogares que se endeudaron, casi nueve de cada diez reconocieron que tienen dificultades para cumplir con esos compromisos. De acuerdo con iProfesional, el estudio remarca que el crédito se consolidó como la principal respuesta frente al deterioro de los ingresos y que muchas familias lo usan para cubrir necesidades básicas como alimentos, servicios, alquileres y tarjetas.
La situación se vuelve todavía más delicada cuando se observa cómo llega el dinero al cierre de cada mes. El mismo informe señala que más de la mitad de los hogares no logra sostener sus ingresos siquiera hasta el día 20, lo que refleja un fuerte descalce entre salarios, inflación y gastos esenciales. En ese contexto, el recurso al financiamiento dejó de estar vinculado a consumos extraordinarios y pasó a ser parte de la supervivencia cotidiana.
Este escenario además se apoya en otros indicadores que ya venían mostrando un deterioro sostenido en las finanzas de las familias. En las últimas semanas, distintos informes económicos advirtieron que la morosidad de los hogares argentinos alcanzó niveles récord: según datos citados por Infobae, la irregularidad en el pago de créditos familiares llegó al 9,3% en diciembre de 2025, el valor más alto en más de 15 años y casi cuatro veces por encima del 2,5% registrado a fines de 2024.
En paralelo, otros análisis periodísticos y económicos ya venían advirtiendo que el sobreendeudamiento no solo golpea a los sectores más vulnerables, sino que empieza a frenar el consumo y a condicionar cualquier mejora salarial. El fenómeno es especialmente visible en el uso de tarjetas, préstamos personales y financiamiento no bancario, donde las tasas suelen ser más altas y el atraso en los pagos se dispara con mayor rapidez.





