“No le tengo miedo a la muerte. Sé que a todos nos va a tocar, pero admito que irme me daría mucha lástima”. Esta reflexión compartida por Luis Brandoni sintetizó su mirada serena ante el paso del tiempo y la cercanía del final. Figura central del teatro argentino, Brandoni, que estaba internado en la terapia intensiva del Sanatorio Güemes, murió este lunes a los 86 años, por un hematoma provocado por una caída en su casa.
Al irse, deja una huella profunda en la cultura, el gremialismo y la vida pública del país. La triste noticia la confirmó Carlos Rottemberg: “Murió Luis Brandoni. Con Beto se va el último primer actor de una generación inolvidable. Impulsor del teatro nacional, desde esta Casa Teatral seguiremos aplaudiendo su compromiso permanente, que excedió el ámbito del escenario. Hoy es un día muy triste para nuestra cultura”.
El productor expresó su dolor en diálogo con Teleshow. “Estamos organizando su despedida. La idea es que sea mañana desde el mediodía en la Legislatura y el martes a la mañana en el Panteón de Actores”, detalló.
Fue actor, dirigente sindical y militante político. Nacido como Adalberto Luis Brandoni el 18 de abril de 1940 en Dock Sud, Buenos Aires, consolidó una trayectoria de más de seis décadas en el arte y la política argentina. Su legado abarca desde clásicos del cine argentino hasta la defensa de los derechos laborales, marcando a varias generaciones de colegas, espectadores y militantes.
La infancia de Brandoni transcurrió en el seno de una familia trabajadora, en un barrio obrero que moldeó sus valores. Sus padres fueron José Domingo, empleado bancario y presidente del Club Sportivo Dock Sud, y Luisa Valentina Emiliani, ama de casa. El barrio de Dock Sud le enseñó a convivir con la diversidad, experiencias que forjaron su carácter y sensibilidad social. De aquellos años evocaba el silbido de su madre llamándolo a casa y la emoción de descubrir el cine argentino en las salas barriales, donde admiró a figuras como Pepe Arias y Olinda Bozán.
Su papá, impulsado por el dueño del banco donde trabajaba, también poseía tierras en San Rafael, Mendoza. Cuando murió en 1985, Brandoni y su hermano Gerardo donaron parte de las mismas a la comunidad local, a cambio que hicieran una escuela. Hoy existe un centro educativo que lleva el nombre de José Domingo.
A los trece años se mudó con su familia cerca del estadio Monumental y se identificó como hincha de River Plate, pasión que evocó alguna vez como una de las razones para regresar del exilio.
Primeros pasos en el arte y una vocación temprana
Su vocación artística surgió en la niñez. A los ocho años organizó una obra de títeres en casa y poco después debutó en la radio, en un ciclo de teatro infantil. Tras concluir la escuela secundaria, optó por el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico. Ahí fue alumno de Cunil Cabanellas, Osvaldo Bonet y Camilo Da Passano. Brandoni reconoció: “Una parte de lo que soy se la debo a esos maestros. Ellos me inculcaron la profundidad de este oficio, la responsabilidad, lo que es una verdadera ética profesional”.
En su adolescencia, soñó con ser cantor de tangos o futbolista, y fue en el bar Obrero, en Libertador y Monroe, junto a amigos como el actor Ulises Dumont (quien lo bautizó “Beto”), donde recibió sus primeras lecciones de vida y política.
Su debut profesional ocurrió el 2 de mayo de 1962, con la comedia musical “Novio” en el Teatro Coliseo. Poco después, se integró a la Comedia Nacional bajo dirección de Armando Discépolo, experiencia a la que asignó un valor fundacional para su carrera.
Más allá de los premios y los escenarios, el verdadero legado de Luis Brandoni se expresa en los valores compartidos, las historias vividas y su compromiso con la memoria social y el presente de la Argentina. Su vida, entre el arte, la ética política y el afecto familiar, persiste como recuerdo vivo en la cultura nacional. Brandoni permanecerá, más allá de la escena, en la emoción de quienes lo aplaudieron y en el eco de una voz honesta.





