La gestión pública en Catamarca ha caído desde hace tiempo en una adicción peligrosa: la necesidad patológica de transformar toda acción de gobierno en un récord histórico. Ya no alcanza con gestionar, administrar o cumplir con el deber básico de la función pública. Ahora, cada evento, cada transacción económica y cada movimiento administrativo debe ser catalogado como “el más grande”, “el más concurrido” o “el más exitoso” de todos los tiempos. Esta manía del superlativo no solo deforma la realidad, sino que insulta la inteligencia del ciudadano común.
El principal problema de esta “fábrica de hitos” es su absoluta falta de rigor técnico y transparencia. El ejemplo más grotesco y repetitivo ocurre año tras año con la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Las gacetillas oficiales anuncian con bombos y platillos cifras de asistentes que desafían las leyes de la física y la capacidad de infraestructura del Predio Ferial. Se lanzan números redondos y astronómicos sin explicar jamás la metodología de medición, sólo para cumplir el gran mandato: cada año se deben informar cifras superiores al año anterior. ¿Quién cuenta a los ingresantes? ¿Cómo se computan los flujos? Todo dibujado.
Con el turismo igual… largan lo que se recauda en un fin de semana largo antes de que ese fin de semana termine.
Esta misma opacidad se traslada a la economía dura. Se habla con ligereza de récords en exportaciones mineras, adornando discursos con porcentajes rutilantes que rara vez se cruzan con datos públicos, accesibles y auditables para la oposición o el periodismo independiente, y que cuando son cruzados se caen a pedazos. Lo propio ocurría con el desaparecido programa One Shot y las ventas comerciales, todo debe ser un record siempre.
A propósito, los supuestos récords de empleo registrado con los que insistieron más de un año, ¿en qué quedaron?
Gobernar a fuerza de titulares grandilocuentes busca tapar una realidad provincial compleja, donde el empleo privado genuino escasea y los servicios básicos crujen. La propaganda oficial ha confundido la estadística seria con el marketing político. El peligro de construir un relato basado en datos incomprobables es que, tarde o temprano, la ficción choca de frente con el bolsillo y el día a día de los catamarqueños. Una provincia no crece sumando récords imaginarios en las redes sociales, sino construyendo transparencia, datos reales y políticas sostenibles en el tiempo.
Un sonoro cachetazo en este sentido lo aplicó el diputado Francisco Monti, quien desnudó la mentira de las exportaciones récord de la minería celebrada por el Gobierno catamarqueño con por 390 millones de dólares, cuando en 2007 fueron de 2.024 millones de dólares.
Lo que se dice… humo para la gilada.





