Ya no hay vuelta atrás, se sacaron los trapitos al sol.
El sueño prometido de los intereses del 20 por ciento mensual en dólares y la chance de hacernos todos multimillonarios sin mover un dedo, se esfumó rápidamente. No había otra posibilidad.
El Dios del Tradeo y los Bitcoin, que despotricaba contra el Estado (¿al mismo tiempo era proveedor? Mmmmmm… Parece que sí) y se promocionaba como implacable forjador de millonarios, ahora habla de reestructuraciones de deudas y buffets de abogados, de atrasos y cuentas bloqueadas.
Excusas nos sobran a todos, quien quiera oír que lo oiga… la realidad es que no cumplió.
No cumplió y perdió la confianza.
Perdió la confianza y se le cayeron los nuevos depósitos.
Se le cayeron los nuevos depósitos y no tiene plata para pagar.
Todo lo demás es cuento.
Hasta ahí lo que era un mal negocio entre privados, como se ocuparon de aclarar desde el gobierno cada vez que le pedían que intervenga.
Pero la sangre llegó al río.
Todos están enojados, todos tienen miedo, todos tiemblan con quedar pegados. Y cierran los ojos y aprietan el gatillo de la ametralladora.
Peronistas y macristas, oficialistas y oposición, están en un juego desesperado.
La carrera es ver quién ensucia más al otro. Pero la guerra es difícil, porque están metidos en las oscuras aguas de las financieras soldados de los dos bandos.
Apellidos pesados, negocios turbios, facturas gordas, cifras que asustan.
Quién pone la plata ahora, quién puso la platita antes, de dónde salió esa plata. Preguntas que nadie quiere responder.
Hace meses que vienen hablando por lo bajo. Ahora saltaron a los medios con comunicados de prensa y acusaciones públicas.
Muchos no están libres de pecado pero todos tiran piedras. Como la verdad complica, apuestan a la confusión… los que están más sucios, más ruido hacen.
Sentate y mirá la película… empezó la parte de acción.
Los amigos de la plata dulce la pueden pasar mal.





