¿En serio se asustan de Adorni por acá?

El vocero/jefe de Gabinete cayó en desgracia, y desde febrero anda cosechando parte de lo que sembró con un trato arrogante a la prensa, que ahora le pasa factura.

Aunque tiene banca de Javier Milei, Adorni quedó en la mira de todos, y la oposición aprovechó, ni lenta ni perezosa, para mostrar su caso como la prueba de que hay corrupción y de la buena.

Adorni no ayudó mucho en el camino, porque de la noche a la mañana lució propiedades, vacaciones, viajes, y el tema pegó fuerte en la gente, que en su mayoría no la está pasando nada bien.

Hasta ahí, todo se entiende bien. Un hombre cualquiera que llega a funcionario y pega un salto brutal en su nivel de vida. El típico nuevo millonario, aparentemente, a la sombra del Estado.

El tema es otro, que en Catamarca todos se asustan, se horrorizan y se tiran de los pelos, llenándose la boca con Adorni.

¿Y por casa cómo andamos?

Porque no importa si es simpático o antipático cuando hace declaraciones. El gran problema de Adorni es que no cierran los números cuando se calcula lo que gana en un mes, o lo que ganó en dos años, y todo lo que gastó.

No es fácil de explicar, y él mismo no pudo hacerlo todavía en forma convincente. Lo máximo que prometió es que lo va a aclarar en algún momento, o en la justicia, o más adelante.

Y pensemos entonces. ¿Cuál es la diferencia entre Adorni y decenas y decenas de funcionarios catamarqueños?

¿Qué pasaría si acá también alguien se tomara el trabajo de calcular lo que cobra y lo que gasta cada uno?

¿Cuántos podrían justificar con papeles en la mano sus vehículos, propiedades y viajes? ¿Y los vehículos, propiedades y viajes de sus hijos? ¿Y sus parejas? ¿Y sus amigos?

¿Son tan diferentes, o la diferencia es que acá nadie controla?

¿Podría recordarse cómo estaban y vivían algunos hace 15 años, cuando el peronismo llegó al poder, y cómo viven ahora?

¿Vamos caso por caso? ¿Quieren sacar cuentas?

Vamos muchachos, todos unidos triunfaremos, en el Mundial de la Hipocresía. Dejen de hablar de Adorni, que son muchos los que no pueden tirar la primera piedra.

El catucho