Sobre el mal momento de Jalil en Fiambalá

Hay que bucear mucho en los archivos de Catamarca para encontrar incidentes graves en la actividad de un gobernador, como lo que sucedió con la llegada de Raúl Jalil a Fiambalá.

Que un mandatario provincial tenga que ser custodiado, con la Guardia de Infantería dispersando gente en el interior catamarqueño, es un hecho casi inédito.

Tradicionalmente, cuando un gobernador de Catamarca va al interior, se lo recibe como a Papá Noel, todo el mundo lo quiere hablar, todos se quieren sacar fotos, todos le piden algo. Pero que haya insultos, que se junte una multitud y le pida que se vaya, es algo que no sucede en esta provincia.

No sucede nunca porque la gente es en general respetuosa, sobre todo en el interior, y porque los intendentes, aunque sean opositores, están avisados, los esperan y dialogan sin problemas. Siempre hay conflictos, como paros, protestas docentes, reclamos de ambientalistas, pero al jefe de Estado no se lo agrede jamás.

Que pase algo así en Catamarca es toda una rareza. Si hacemos memoria… hubo un desbande en un acto oficial cuando gobernaba Eduardo Brizuela del Moral, porque las esposas de los policías reclamaban mejoras y cuando quisieron alejarlas los propios policías que tenían que desfilar reaccionaron, pero no pasó a mayores. Y fue en Capital.

Hubo algún reclamo en una visita de Lucía Corpacci a Andalgalá, motorizada en parte por el entonces intendente Alejandro Páez, que se negó a recibirla aunque inauguraba una obra. Pero que tenga que intervenir Infantería es algo que no se recuerda.

Incluso al mismo Jalil, que viaja mucho por toda la provincia, no le había pasado antes algo así.

Y es todo un dato que el problema se haya presentado en Fiambalá, un lugar que pica en punta con las expectativas mineras, donde supuestamente salen toneladas del “oro blanco” y hay decenas de proyectos.

No se trata de magnificar lo ocurrido, pero tampoco se lo puede minimizar. Es una señal de que algo está pasando, de descontento, de decepción. Seguramente el Gobierno ha tomado nota de este hecho, porque enciende varias alarmas y preocupa, máxime cuando se acerca un año electoral.

No eran cuatro gatos locos, había mucha gente molesta. Por lo pronto, habrá que entender que no alcanza con pagarle a los medios amigos para que no digan nada, porque el enojo de la gente no es algo que se pueda esconder tan fácilmente, como quien barre y deja toda la mugre debajo de la alfombra.