La pobreza golpea con fuerza a la infancia en Argentina: en 2025, el 53,6% de los niños y adolescentes vive en hogares pobres, según datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). El dato, aunque muestra una leve mejora respecto de los picos recientes, sigue dibujando un escenario preocupante.
Traducido en números concretos, implica que más de la mitad de los chicos del país —casi seis de cada diez— atraviesan situaciones de privación. A eso se suma otro indicador sensible: el 28,8% no accede a una alimentación regular, y dentro de ese grupo un 13,2% padece inseguridad alimentaria severa.

Desde la UCA advierten que la baja registrada en los últimos dos años no alcanza para revertir una tendencia de fondo. “Trae alivio, pero no debe confundirse con la solución de un problema estructural”, señalaron los autores del informe.
El deterioro, de hecho, viene de larga data. En 2012, la pobreza infantil afectaba al 38,4% de los chicos. Desde entonces, el indicador creció casi sin pausa hasta alcanzar su punto más crítico en 2023, con un 62,9%. Si bien los valores de 2024 y 2025 muestran una recuperación, todavía están lejos de los niveles más bajos de la década pasada.
La indigencia sigue una dinámica similar, aunque más volátil. Tras ubicarse en torno al 8% entre 2011 y 2012, escaló hasta un máximo de 17,7% en 2024. El último registro muestra una caída al 10,7%, más cercana a los niveles de 2017 y 2018.

En paralelo, creció la asistencia estatal. Durante 2025, el 64,8% de los niños y adolescentes recibió algún tipo de ayuda alimentaria. En cambio, la cobertura de transferencias monetarias —como la Asignación Universal por Hijo— alcanzó al 42,5%, con una leve baja respecto del año anterior.
El cuadro general deja una señal ambivalente: hay indicios de mejora, pero la situación de las infancias sigue marcada por desigualdades profundas y persistentes.





