La crisis política y social en Bolivia sumó este lunes un nuevo capítulo de tensión luego de los enfrentamientos registrados en el centro de La Paz entre efectivos policiales y manifestantes que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Los disturbios se produjeron en las inmediaciones de Plaza Murillo, el corazón político del país, donde se encuentra el Palacio de Gobierno, actualmente rodeado por un fuerte operativo policial y militar. Según reportaron medios locales, al menos una persona resultó herida durante los incidentes.
Las protestas fueron encabezadas por sectores de la Central Obrera Boliviana, que desde hace semanas mantiene movilizaciones contra el Gobierno. A ellos se sumaron organizaciones vinculadas al expresidente Evo Morales, sindicatos campesinos, maestros rurales y otros sectores sociales que llegaron a La Paz tras varios días de marcha y bloqueos en rutas.
La Policía intentó frenar el avance de los manifestantes hacia Plaza Murillo mediante el uso de gases lacrimógenos y agentes químicos. Del otro lado, algunos grupos respondieron con petardos, palos con clavos y explosivos caseros, generando momentos de extrema tensión en pleno centro paceño.
El conflicto también agrava el escenario económico y social del país. Los bloqueos de rutas continúan en distintos puntos de Bolivia y comienzan a sentirse problemas de abastecimiento en varias ciudades.
En medio de la escalada, el viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, condenó el uso de explosivos durante las protestas y aseguró que quienes participen en hechos violentos serán procesados penalmente.
“Todos tienen derecho a marchar, pero no a cometer delitos”, sostuvo el funcionario, quien además llamó a los sectores movilizados a manifestarse de manera pacífica y afirmó que las fuerzas de seguridad continuarán actuando “bajo parámetros de respeto a los derechos humanos”.





