A Galán se le cae la carpa del circo

Cada vez más a olor a podrido tiene el fenómeno Javier Galán, que amenazó con romper todo en la política y ahora parece cada vez más cerca de romperse a sí mismo.

Galán, un libertario despechado en 2019 que quedó afuera del juego justo antes de que Milei arrasara con todo, esperó pacientemente dos años y se lanzó solo con el sello del MID.

Siempre amigo de llamar la atención a cualquier precio, apostó por la fama rápida y le fue muy bien.

Se convirtió en el suceso de las últimas elecciones, cuando juntó más votos que figuras de larguísima trayectoria, experiencia y viejas estructuras en política, como Hugo “El Grillo” Ávila, Rubén Manzi y todo el radicalismo.

Enloquecido con su éxito, Galán aceleró a fondo y exprimió hasta el cansancio la fórmula de saturar las redes sociales, haciéndose el distinto, el justiciero, el solidario.

Sin detenerse ante el mal gusto, se promocionó mostrando miserias ajenas, pobreza, dolor, enfermos, todo le servía. Se convirtió en un youtuber furioso y amo de las redes con videos casi diarios en los que se mostraba haciendo de todo menos legislar.

Pero ese ascenso meteórico ya amenaza con tener una caída igual de meteórica. Galán es noticia todos los días, pero aparece más seguido en las páginas policiales que en las políticas.

Todo empezó mal. Antes de asumir ya estaba envuelto en escándalos oscuros. Millones de pesos rondando en denuncias que arrancaron con sus propios laderos. Fuego cruzado donde pronto se mezclaron cosas más feas.

Empezaron a matarse entre ellos, los propios “dirigentes” del MID. Sonia Nabarro, Javier Galán, Fernando Baigorrí, Norman Arce, Juan Carlos Andrada.

La discusión política desapareció, y empezaron a señalarse por corrupción de menores, pornografía, escándalos sexuales, amenazas, aprietes, extorsión. Nadie intervino desde afuera: toda la basura se la revoleaban entre los propios políticos del MID.

Pagarés en blanco, fotos y videos comprometedores, y denuncias para todos lados presagiaban más escándalos.

“Ojalá que pronto se sepa la verdad, o este proyecto que venía creciendo estará destinado a un fracaso grotesco y veloz”, decíamos en esta columna del Catucho allá por noviembre.

No pasaron ni seis meses y todo se pudre cada vez más. Galán recibió una gravísima denuncia por abuso sexual. No terminó de reaccionar y llegó una segunda denuncia. Y se asegura que llegará de inmediato una tercera.

Para alguien que recién debuta en política, es demasiado.

Como único reflejo, Galán dice que todo es político y que lo quieren voltear. Pero al mismo tiempo reconoce que le manoteaba parte del sueldo a los empleados para que hagan “solidaridad” como él.

Todo confuso, todo turbio, todo oscuro.

Demasiadas cosas para aclarar cuando todavía no se le conoce un proyecto serio ni nada. El show se deforma en mugre. Muy rápido, tan rápido como subió se está hundiendo.

Sus fueros corren peligro. Todo en tiempo record. Parece que algo está haciendo mal. En el circo que levantó tan exitosamente, la carpa se le está viniendo encima.

La justicia tendrá la última palabra. Pero los votantes también en la próxima elección.