El presidente Javier Milei decidió sostener, una vez más, a Manuel Adorni en el centro del poder, pero el respaldo público no alcanzó para disipar la inquietud que crece dentro de la Casa Rosada. Mientras el Gobierno intenta mostrar unidad, en distintos sectores del oficialismo ya admiten que el caso que involucra al jefe de Gabinete comenzó a generar un desgaste político que amenaza con afectar la gestión y complicar la agenda que el Ejecutivo busca reactivar en el Congreso.
La preocupación interna se profundizó en las últimas horas luego de nuevas revelaciones periodísticas sobre el patrimonio de Adorni y su entorno, en medio de un clima cada vez más tenso. TN informó este jueves que, pese a la defensa cerrada de Milei, en el Gobierno ya se multiplican las voces que advierten por el “impacto del caso en la gestión”, sobre todo porque el escándalo dejó de ser solo un problema de imagen para transformarse en un factor de ruido político permanente.
En ese marco, la estrategia oficial sigue siendo resistir. Días atrás, Milei mantuvo una reunión de trabajo con Adorni en la residencia de Olivos y, según la comunicación oficial, ambos repasaron la agenda legislativa y trazaron la “segunda etapa” del Gobierno con metas para 2026 y 2027. El mensaje buscó despejar rumores sobre una salida inminente del funcionario y mostrar que su continuidad, al menos por ahora, no está en discusión. Esa misma línea fue reflejada también por otros medios nacionales, que señalaron que el Presidente le agendó una serie de reuniones con ministros para intentar ordenar la gestión y retomar la iniciativa política.
Sin embargo, puertas adentro el panorama es menos firme de lo que se muestra en público. Según diversas reconstrucciones periodísticas, en Balcarce 50 hay malestar por la persistencia del tema en la agenda mediática, el crecimiento de las dudas judiciales y el costo que eso puede tener sobre un oficialismo que necesita concentrarse en reformas, ajuste estatal y negociaciones legislativas. Infobae señaló que, aunque el Gobierno repite que sostiene a Adorni, al mismo tiempo comenzó a reducir su exposición y a recalibrar la estrategia política y comunicacional frente al avance del escándalo.
El problema para el oficialismo no es solo institucional, sino también electoral. En la Casa Rosada reconocen que el deterioro del funcionario puede golpear una figura que venía siendo clave en el esquema de poder libertario, no solo por su rol dentro del gabinete sino también por su peso en la construcción política del mileísmo. Algunos análisis ya advierten que el desgaste de Adorni afecta una pieza central del dispositivo que articula Javier Milei con Karina Milei, y que su caída de imagen podría tener consecuencias más allá del corto plazo.
En paralelo, la oposición ya comenzó a capitalizar el momento. El caso no solo alimentó pedidos de explicaciones y nuevas críticas en el Congreso, sino que también generó tensión en sectores aliados, como el PRO, que aunque por ahora no acompañaría un pedido de interpelación, sigue de cerca la evolución del conflicto. El malestar ya se expandió fuera de La Libertad Avanza y que incluso socios parlamentarios observan con preocupación cómo el escándalo empieza a condicionar el clima político.
Con ese telón de fondo, el Gobierno busca cambiar rápidamente de tema. La convocatoria a una reunión de Gabinete y la intención de relanzar la agenda con anuncios de gestión forman parte de una maniobra para recuperar el control de la discusión pública. La meta es volver a centrar la atención en las reformas económicas, el ajuste del Estado y la negociación con gobernadores, en momentos en que la administración nacional necesita mostrar resultados y evitar que la crisis interna opaque el discurso de orden y eficiencia que Milei instaló desde el inicio de su mandato.
Aun así, en el oficialismo saben que el problema no se resuelve solo con una foto de respaldo. El caso Adorni se convirtió en una prueba de resistencia para el Gobierno: si logra contenerlo, podrá evitar una herida mayor en medio de una etapa sensible; si se profundiza, podría transformarse en uno de los primeros grandes costos políticos internos de la administración libertaria. Por ahora, Milei decidió sostenerlo. Pero en la Casa Rosada, cada vez son más los que miran con preocupación cuánto puede durar esa defensa sin afectar el corazón mismo de la gestión.





