Los “agradecidos” a la pandemia

aumentan los casos positivos de coronavirus

De la noche a la mañana, la peligrosa aparición del coronavirus cambió el escenario mundial, y todas las noticias fueron barridas al mismo tiempo para dar lugar a una sola información, la nefasta lista de muertos e infectados por ese virus que tanto dolor causa alrededor del mundo.

En cuestión de horas, el coronavirus se desparrama a la velocidad de la luz, y cuando entra en un cuerpo lo puede matar en pocos días, tan rápido que no le da a los equipos de salud posibilidad de reaccionar.

Los ancianos, los enfermos de distintas patologías, son más vulnerables, y en ellos el virus puede tener un efecto letal. El enemigo, como se dijo, es invisible, y puede viajar en metal, papel, plástico, en toda clase de superficies. Se extreman precauciones y cuidados, pero no hay garantías de estar a salvo.

Ante tamaña situación, una pandemia que azota a la humanidad en los cinco continentes, es obvio que nadie va a hablar de otra cosa. Hay miedo, preocupación, incertidumbre.

La seriedad del caso está a la vista y no admite discusión. Pero también puede observarse, hay que decirlo, que muchos se aprovechan de la pandemia para usarla como explicación y justificación para todo.

La pandemia y la cuarentena son la respuesta que aparece a mano para explicar cualquier falencia y ocultar inoperancias mucho más viejas.

Hay muchos funcionarios que usaron la pandemia para esconderse bajo la cama, cerrar sus oficinas y que Dios ayude al que necesite algo. Nadie da respuestas y se utiliza el aislamiento como excusa para todo.

También se nota en los argumentos económicos. Hace dos meses la provincia era un ejemplo mundial de buena administración, era el oasis de las reservas, se aplaudían oficialistas recién salidos y recién llegados por los plazos fijos, las previsiones, la ausencia de deudas y la maravillosa utilización de los dineros públicos.

¿Y en 20 días ya no se sabe si se podrán pagar los sueldos? No tiene sentido el relato gubernamental: o exageraban graciosamente antes, o dramatizan exageradamente ahora.

O están aprovechando el temor general para docilizar a la gente y convencerla de lo que sea. Lo cierto es que el mundo quedó en pausa, y quienes más se favorecieron fueron los que tenían más problemas: de la noche a la mañana se cortaron los reclamos, los conflictos, las quejas. Ahora el miedo prevalece.

Muchos lo sufren, otros lo explotan.

El catucho

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