La tranquilidad de la provincia se vio sacudida en los últimos días tras la difusión de imágenes que muestran a Ricardo Javier Ocampo, conocido como el “Maestro Amor”, participando de un evento organizado por su comunidad. La noticia escaló rápidamente desde una publicación de Catamarca es Noticia llegando a ser replicada por medios locales y nacionales, generó un clima de indignación generalizada y una profunda controversia en las redes sociales.
El foco del conflicto no solo reside en la figura de Ocampo, quien debería estar cumpliendo una condena de 14 años de prisión efectiva, sino en el marco institucional que rodeó su reaparición. El líder espiritual fue visto compartiendo espacio con figuras de peso político, como el intendente de Huillapima, Omar Soria, y la diputada de La Libertad Avanza, Verónica Vallejos. La presencia de funcionarios públicos junto a un condenado por delitos de abuso sexual contra menores en el ámbito privado detonó en las redes sociales.
Una condena con beneficios
La historia judicial de Ocampo marcó un hito en noviembre de 2014, cuando el tribunal de la Cámara Penal Nº 2 lo halló culpable de seis hechos de abuso sexual agravado y corrupción de menores. Los delitos, cometidos entre 2005 y 2007, tuvieron como víctimas a adolescentes que formaban parte de su comunidad espiritual “Medtiazen” en Colonia del Valle. Los relatos del juicio fueron estremecedores, detallando abusos que comenzaron cuando una de las víctimas tenía apenas 10 años, en un contexto de manipulación psicológica y exhibición de material pornográfico.
Pese a la contundencia del fallo unánime y su posterior traslado al penal de Miraflores, la imagen de Ocampo fuera de los muros de la penitenciaría reabrió heridas profundas.
La cercanía del penal con la denominada “Ciudad de Luz”, el bastión donde sus seguidores aún lo aguardan, siempre fue motivo de suspicacia.
Hoy, esa suspicacia se transformó en un reclamo ante lo que muchos consideran un privilegio inexplicable y una falta de respeto hacia las víctimas que denunciaron el horror vivido bajo su tutela.
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