A 24 años de la desaparición de Marita Verón, la búsqueda sigue y su caso permanece como la lucha contra la trata de mujeres

Este 3 de abril se cumplieron 24 años de la desaparición de María de los Ángeles “Marita” Verón, uno de los casos más emblemáticos y dolorosos de la historia reciente argentina. La joven tucumana fue vista por última vez en San Miguel de Tucumán en 2002, cuando salió de su casa rumbo a una consulta médica. Tenía 23 años y era madre de una niña pequeña. Nunca volvió. Con el paso del tiempo, su nombre dejó de ser solo el de una víctima para convertirse en una bandera de la lucha contra la trata de personas en el país.

Según reconstruyeron distintos medios y organismos vinculados al caso, la principal hipótesis judicial fue desde el inicio que Marita fue secuestrada por una red de trata con fines de explotación sexual. Testimonios de otras mujeres víctimas señalaron que habría sido trasladada a prostíbulos, especialmente en La Rioja, lo que abrió una de las investigaciones más complejas y estremecedoras de las últimas décadas en la Argentina.

La causa judicial tuvo un recorrido marcado por la polémica y la indignación social. En 2012, tras años de investigación, el juicio oral concluyó con la absolución de los 13 acusados, un fallo que generó un fuerte repudio público. Sin embargo, en diciembre de 2013, la Corte Suprema de Tucumán revocó parcialmente esa decisión y condenó a 10 de los imputados por el delito de “retención y ocultamiento agravado para el ejercicio de la prostitución” de Marita Verón. Más tarde, en 2014, se fijaron penas de entre 10 y 22 años de prisión.

A pesar de esas condenas, el interrogante central sigue intacto: qué pasó con Marita y dónde está. A 24 años de su desaparición, no hay una respuesta definitiva sobre su paradero. Esa ausencia de certezas es la herida abierta que aún atraviesa a su familia y a toda una sociedad que convirtió el caso en sinónimo de impunidad, violencia y deuda judicial.

En el centro de esa lucha aparece la figura de Susana Trimarco, su madre, quien transformó el dolor en militancia activa. Durante años se infiltró en prostíbulos, siguió pistas por distintas provincias y enfrentó redes criminales para intentar encontrar a su hija. Su historia de búsqueda fue clave para exponer el funcionamiento de las organizaciones dedicadas a la explotación sexual y para poner el tema en la agenda pública nacional.

Fruto de esa pelea, en 2007 nació la Fundación María de los Ángeles, una organización creada por Trimarco que brinda asistencia integral a víctimas de trata y a sus familias. Desde la propia fundación recuerdan que el caso de Marita permitió visibilizar un delito que durante años permaneció naturalizado o invisibilizado, y que desde entonces lograron rescatar y asistir a numerosas mujeres y niñas en situaciones similares.

El impacto del caso también fue determinante en el plano legislativo. La desaparición de Marita y la presión social que generó impulsaron la sanción de la Ley 26.364 en 2008, que tipificó la trata de personas en Argentina. Luego, tras el escándalo por las absoluciones iniciales, la normativa fue reformada en 2012 para endurecer penas y eliminar el consentimiento de la víctima como atenuante en los casos de explotación, un cambio clave en la lucha judicial contra estas redes.

En las últimas horas, al cumplirse un nuevo aniversario, distintos medios volvieron a recordar el caso y a poner el foco en la vigencia del reclamo. Ámbito remarcó que la desaparición de Marita sigue siendo una “búsqueda vigente”, mientras que medios tucumanos difundieron una carta de Trimarco en la que reafirma que no dejará de buscarla. El mensaje, cargado de dolor y perseverancia, volvió a reactivar el pedido de memoria, verdad y justicia.