Al Gobierno provincial hace meses que la coyuntura política no lo deja relajarse. Son muchos los factores que configuran un escenario molesto que no le da sosiego y lo tiene inquieto y en constantes reacomodamientos. Una fastidiosa tensión entre las urgencias del presente e incertidumbres del futuro.
Por un lado está la necesidad imperiosa de recursos para gestionar y, de la mano, los compromisos que esto le genera con Nación. Decidido a avanzar con las reformas, Milei supo usar el factor económico para forzar el reclutamiento de las provincias y Catamarca tuvo que poner de su parte. Para surfear esa ola, desde fines del año pasado Jalil debió acomodar la tropa en el Congreso y, de manera más o menos explícita, facilitarle el trámite legislativo al Presidente.
A esto obedecen los numerosos movimientos de los legisladores nacionales por Catamarca que, hasta ahora se siguen acomodando en nuevos espacios. Primero fueron Monguillot, Ávila y Nóblega, que en la cámara baja dejaron el gran bloque del peronismo, Union por la Patria para conformar “Elijo Catamarca”. Similar movimiento al que hizo, días atrás, el senador Guillermo Andrada, que también abandonó el interbloque justicialista para conformar junto a otros legisladores una nueva opción.
De acá para allá también anda el propio Gobernador, armado y desarmando coaliciones según soplen los vientos de la conveniencia o la necesidad. Si en algún momento fue referente de los mandatarios peronistas que plantaban cara a Nación para reclamar recursos, luego fue mutando a su posición de dialoguista y con esto, pasó a integrar nuevos espacios más convenientes.
Con esa estrategia logró cerrar negociaciones para Catamarca, pero también significó inevitablemente una reconfiguración de su mapa de cercanía con el peronismo. De hecho, siguiendo esa línea y de la mano con los movimientos en el Senado, ya comenzó a gestar un nuevo club de gobernadores.
Este movimiento tiene un doble objetivo: ratificar su postura de diálogo con Nación, pero además separarse de las disputas del peronismo entre Cristina Fernández y Axel Kicillof, que los gobernadores entienden, los perjudica.
Es que, aunque parezca temprano, cada movimiento político e institucional carga con el doble objetivo de la gestión presente y la construcción política de cara al 2027. Y los gobernadores con cierto capital político saben que la fractura de la cúpula peronista se los puedo tragar. Mejor separarse de la “agenda bonaerense”, sugirió Jalil, dando luz verde a su nuevo reacomodamiento y evitando que una potencial debacle se los lleve puestos.
Claramente, estas mudanzas no son políticamente gratuitas y desde adentro del oficialismo provincial se lo hacen saber. Los reclamos y pases de facturas por la cercanía con Nación en asuntos como la reforma laboral no dejan de llegar. De forma explícita o puertas hacia adentro, el Gobernador y los legisladores funcionales van cargando una mochila de reproches que deberán gestionar con maestría si no quieren romper nada.
Para Catamarca, los tiempos calmos de gestionar alineados un gobierno nacional de idéntico signo político son cosa del pasado. Como le pasó a Carpaccio en su segundo mandato, Jalil camina la cuerda floja que une la gestión provincial y su vínculo con Nación. Pero no solo pensando en este proceso, sino también proyectando el juego electoral que comienza en breve. Una delicada estrategía entre el presente y el futuro, que lo obliga a hacer equilibrio entre la incomodidad y la especulación.





