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Un peronista liquidó a Quevedo y le dio la razón a los radicales

El escándalo de los narcopolicías no le da descanso al gobierno de Raúl Jalil, y los legisladores de la oposición no quieren perder oportunidad de echar leña, nafta, dinamita y pólvora al fuego, pero el macrismo-radicalismo provincial recibió una ayudita del cielo, ya que un legislador del propio oficialismo salió a apoyar las teorías del “Narcoestado”.

El tema ya es bien conocido: apenas asumió Jalil, empezaron a rodar cabezas de la cúpula policial corpacista, con acusaciones más pesadas que rosario de sandías: lo que se investiga es si el oscuro comercio de la droga en Catamarca, se manejaba con capos policiales que hacían la vista gorda, arreglos o participaban directamente del negocio. Muy picante el tema.

Como se sabe, uno de los principales apuntados es Carlos Kunz, quien fue responsable precisamente de Drogas Peligrosas, y de ahí saltó nada menos que a subjefe de policía. Una trama tan enredada que ni en las películas de Hollywood se imaginaron.

Y bueno, de ahí más pasó lo que tenía que pasar. Toda la oposición empezó a pedir respuestas, porque a nadie le cabe en la cabeza que si jerarcas policiales estaban entrevarados con los narcos, arriba no se supiera nada.

Lo primero que hicieron fue decir que el tiempo les había dado la razón en sus acusaciones de que en Catamarca había un narcoestado, y el que quedó atragantado con las investigaciones fue el gobernador Raúl Jalil, que por un lado quiere quedar como el héroe que combate la droga y por el otro no quiere acusar a los bendecidos por Lucía Corpacci, a quien le debe el gobierno.

Entre atronadores silencios pasaron las primeras semanas, y como alguien tenía que hablar lo mandaron a la cancha al ministro de Seguridad, el “Facha” Martel, quien no dijo mucho pero al menos ofrendó unas declaraciones a la prensa.

Ni lerdos ni perezosos, los legisladores de la oposición lo convocaron a la Legislatura, para que de explicaciones sobre el tema y sobre otras cuestiones relacionadas con el área de Seguridad, donde Martel no se muestra muy ágil.

Entonces se activaron dos protocolos inmediatos: para la gilada, Martel salió en los medios a decir que sí, que él iba encantado a la Legislatura cuando quieran, que le parecía fanstástico, que le digan a qué hora y se presentaba feliz.

Por otro lado, empezaron a sonar los teléfonos desesperados para que los legisladores peronchos aborten el llamado y se ocuparan a cualquier precio de evitar que Martel llegara a la Legislatura, porque obviamente… ¿qué iba a responder?

Entonces, la mayoría corporativa funcionó para proteger al joven ministro, y más vale que no respondió nada de nada ni se va a presentar a una interpelación ni nada parecido: bien protegido que está por la bancada peronista.

Pero las preguntas seguían flotando en el aire, y la que más ruido hacía era la de la continuidad de Orlando Quevedo, jefe de Policía de Corpacci, superior inmediato de Kunz, compañero de la plana mayor, que sobrevivió al cambio de gobierno con un brillante cargo en la cartera del “Facha” Martel.

Entonces, las dudas se caían solas: ¿Si la cúpula policial estaba prendida, el jefe era el único santo? ¿Había transas con los narcos y el jefe nunca se enteró de nada? ¿Se liquida a la policía corpacista y el jefe sigue como si nada?

Y no pasaron muchos días hasta que la noticia llegó: chau Quevedo.

Aquí empieza lo entretenido, porque cada quien dio su versión de los hechos. Para la mayoría, la cabeza de Quevedo es una más de las que vienen rodando por el escándalo de los narcopolicías. Unos anunciaron que Martel lo echó, sin medias tintas, y después se quiso suavizar la noticia-bomba con un silenciador de cuestionable efecto: se dijo que en realidad renunció, que él estaba sólo por un tiempito hasta que Martel se acomode, que es muy bueno y por eso se va, como si fuera algo así como una maestra suplente que se queda hasta que a la titular se le pasa la gripe.

Todo con muy mal olor, y el que la completó fue el diputado peronista Marcelo Murúa, siempre desesperado por decir algo rápido para aparecer en los medios opinando de cualquier cosa.

¿Y qué dijo Murúa? Más o menos que Quevedo es un corrupto y Jalil lo echa por eso. Lean su cita textual: “Es una facultad que tenía el ministro de Seguridad y es una decisión que tomó el Ejecutivo. El Ejecutivo habrá evaluado cuál es la situación y cuáles son las cuestiones que ello modifica y descomprime, de acuerdo a cuáles son los planteos que se están realizando. El Gobernador había planteado el ser inflexible con todas aquellas personas que tengan alguna denuncia, y que iban a ser desplazados de los cargos. Y creo que esto va en ese sentido”.

¡Pero que viva el fútbol!¡Qué jugada Murúa! Avísenle que Martel dijo todo lo contrario y que con esa frase se pone del lado de los radicales. ¡Ay, Marcelito! ¡Qué metida de pata!

Y bueno, entre pitos y flautas van pasando las semanas y la sociedad sigue esperando respuestas. Por ahora, hay que contentarse con estos dichos y entredichos.

El Catucho.

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