Timbeando con dinero ajeno

En una provincia marcada por profundas asimetrías sociales, donde la inflación erosiona día a día la capacidad de subsistencia de las familias y los salarios de los empleados públicos apenas logran hacer frente a la canasta básica, la revelación del destino del dinero que sale las arcas del Estado genera una profunda indignación. El Gobierno de Catamarca ha decidido actuar como un audaz operador de la city, inmovilizando la exorbitante suma de 174 mil millones de pesos y 25 millones 700 mil dólares en plazos fijos y fondos comunes de inversión. Esta preocupante reconversión de la administración pública en una mesa de dinero expone una alarmante distorsión de prioridades institucionales.
Resulta inadmisible que un Estado soberano, cuya principal función constitucional es garantizar el bienestar general y el funcionamiento eficiente de los servicios esenciales, opte por acumular “excedentes transitorios” en el circuito financiero en lugar de volcar esos recursos de manera directa e inmediata a la economía real. Mientras el sector público catamarqueño padece paritarias insuficientes y los hospitales, escuelas e infraestructura vial exhiben las consecuencias crónicas de la falta de inversión, la Tesorería Provincial prefiere resguardarse bajo la comodidad de las tasas de interés de los bancos de capital nacional y privado. ¿Para quién gobierna el Ejecutivo? El dinero público no se recauda con fines de especulación ni lucro corporativo; su única razón de ser es resolver las carencias del tejido social.
A este preocupante escenario de prioridades invertidas se le añade un agravante institucional intolerable: la absoluta falta de transparencia. A pesar de los insistentes reclamos de la oposición y de los pedidos de informes formalizados en el ámbito legislativo, la sociedad de Catamarca desconoce cuáles han sido las tasas exactas de rendimiento pactadas, bajo qué criterios técnicos se distribuyeron miles de millones en distintas entidades bancarias y, fundamentalmente, en qué partidas o programas presupuestarios se utilizaron o se piensan utilizar los millonarios intereses devengados. La opacidad en la rendición de cuentas sobre fondos de origen nacional y provincial vulnera -una vez más y van…- el derecho al acceso a la información pública, transformando recursos colectivos en una suerte de caja discrecional manejada a espaldas de la ciudadanía.
Gobernar es fijar prioridades. Jugar a la especulación financiera con los ahorros de los catamarqueños mientras las necesidades más elementales quedan postergadas es una preocupante deserción de las funciones indelegables del Estado. El Gobierno provincial debe cesar de inmediato este imprudente juego financiero, abrir los libros de contabilidad al control democrático real y reorientar el capital acumulado hacia donde verdaderamente se necesita: el bolsillo de sus trabajadores y la dignidad de sus servicios públicos.
El ejemplo más crudo y cruel se da con los préstamos de Capresca, anunciados una y otra vez y nunca concretados. Ahora se anuncian para noviembre, con la vieja táctica de ir corriendo el arco siempre más lejos.
En el medio, muchas personas avanzaron con trámites, llevaron papeles, completaron formularios, siguieron los requisitos, y no recibieron nada. Como les pasa a muchas empresas con el FOGACAT (Fondo de Garantías de Catamarca), que supuestamente se hizo para ayudar y no ayuda a nadie.
Pero con los préstamos personales el tema es más delicado, porque mucha gente los busca por razones de salud. Porque el imperio de los sanatorios privados es inaccesible, porque la obra social no da respuestas. Y así se recurre al préstamo para hacer frente a medicación y terapias, algo imprescindible y urgente en cuadros como los oncológicos.
Hay casos concretos de pacientes que fueron burlados por Capresca, con promesas de ayudas que no llegaron. Y hoy ya es tarde. La enfermedad ya hizo metástasis. Aquí unos meses de demora son la diferencia entre la vida y la muerte.
Es inhumano que un gobierno haga eso, e imperdonable de un gobierno que se llama peronista.
Ahora ponen 25 millones de dólares en la timba, para ver cuánto agarran de intereses para gastar sin rendir cuentas.
Con un millón de dólares, sólo uno, podría ayudarse a miles de catamarqueños.
Pero no les interesa, no les importa, están en otra. Gozando de la plata fácil, la que ganan en la timba apostando el dinero de todos.