Malvinas también fue historia de mujeres: el rol silenciado de quienes asistieron a los heridos en plena guerra

Cada 2 de abril, la Argentina vuelve a mirar hacia las Islas Malvinas para recordar a los caídos, homenajear a los veteranos y reafirmar el reclamo de soberanía. Sin embargo, durante muchos años, una parte fundamental de esa historia quedó relegada del relato oficial: la participación de las mujeres que también estuvieron en la guerra, asistiendo a los heridos, sosteniendo hospitales de campaña y cumpliendo tareas esenciales en medio del horror del conflicto.

A 43 años de la guerra de 1982, distintas voces vuelven a poner el foco sobre ese costado menos visibilizado de Malvinas. Enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas, radiotelegrafistas y personal de sanidad formaron parte del dispositivo militar y sanitario argentino, tanto en el continente como en buques y bases vinculadas al teatro de operaciones. Pese a eso, durante décadas muchas de ellas quedaron fuera del reconocimiento público, de los homenajes institucionales e incluso de la condición formal de veteranas.

Uno de los nombres que resume esa lucha es el de Alicia Reynoso, enfermera de la Fuerza Aérea que se desempeñó en el hospital reubicable de Comodoro Rivadavia, donde recibían a los soldados heridos evacuados desde las islas. Su historia, al igual que la de otras compañeras, volvió a cobrar relevancia en los últimos años por la pelea judicial y simbólica que encabezó para ser reconocida como veterana de guerra, algo que finalmente consiguió tras años de reclamos. Filo también recuperó el testimonio de Stella Morales, otra enfermera que trabajó durante el conflicto y que expuso las secuelas emocionales y el largo camino por el reconocimiento.

La historia oficial de Malvinas estuvo narrada, en gran medida, desde una mirada masculina y centrada en el frente de combate. Pero detrás de esa versión incompleta hubo mujeres que cumplieron funciones decisivas: curaron heridas, asistieron amputaciones, contuvieron emocionalmente a soldados jóvenes y enfrentaron escenas extremas en hospitales móviles, buques sanitarios y bases militares. En muchos casos, tenían poco más de 20 años y fueron movilizadas en condiciones precarias, con escasa preparación para afrontar la magnitud de lo que iban a vivir.

Según registros institucionales y reconstrucciones históricas, su participación incluyó a instrumentadoras quirúrgicas del ARA Almirante Irízar, personal de la Marina Mercante, enfermeras desplegadas en Comodoro Rivadavia y mujeres afectadas a distintas tareas de apoyo logístico y sanitario. El Museo Malvinas destaca que su rol fue clave para salvar vidas y que, aun así, sus experiencias fueron invisibilizadas durante años dentro de la memoria oficial del conflicto.

Esa invisibilización no solo fue histórica, sino también institucional. Durante décadas, muchas de estas mujeres denunciaron que no recibieron el mismo trato que los excombatientes varones: no fueron incluidas en actos oficiales, no accedieron a beneficios equivalentes y, en varios casos, debieron atravesar procesos judiciales para que el Estado reconociera su participación en la guerra. Además del olvido, varias relataron haber cargado con secuelas psicológicas, silencio impuesto y hasta cuestionamientos por “querer ocupar un lugar” que socialmente se reservaba a los hombres.

Con el paso del tiempo, la discusión comenzó a cambiar. En los últimos años, distintas iniciativas oficiales y culturales empezaron a recuperar esas trayectorias. En 2023, por ejemplo, el Ministerio de Defensa difundió un material audiovisual especial dedicado a las veteranas de Malvinas, con testimonios de mujeres que participaron del conflicto desde la sanidad y la Marina Mercante, en un intento por ampliar la mirada sobre lo ocurrido en 1982.