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La rebelión de los ricos

El Poder Judicial de Catamarca es el protagonista de una pelea patética, en la que los más privilegiados integrantes de la casta estatal, iniciaron una guerra para defender sus engordados bolsillos.

Son principalmente jueces que ganan cerca de cuatro millones al mes, jueces que no logran hacer funcionar una justicia burocrática, cómoda, especialista en hacer la vista gorda y cajonear, maestros de la excusa y la queja, acomodados por el mismo poder político al que ahora intentan cuestionar.

Todos, pero todos, saben que la pelea es por plata, porque no contentos con la grosería de sueldos que cobran se quieren dar más aumentos, porque la ambición y la angurria no tienen límites. Pero no pueden decir eso, entonces hablan de la defensa de la “independencia judicial”. Mirá vos, todos exministros, exlegisladores o familiares de funcionarios peronistas que ahora se acuerdan de la independencia.

Y como no pueden protestar solos, empujan a todos los judiciales, con una campaña del miedo en la que dicen que no tienen para pagarles los sueldos.

Entonces los mismos empleados que eran apretados por la Corte cuando hacían un paro, son llevados como ganado a protestar. Y la misma Corte que hacía circular pedidos de informe con identificación de los trabajadores que hacían paro, ahora hace la payasada de salir a preguntarles “por sí o por no” si están dispuestos a defender la independencia.

Un mamarracho por donde se lo mire, que se completa con la incoherencia de un Gobierno que primero jugó a armar una justicia propia convirtiendo una estructura grande e inútil en gigante e inútil. Porque de tres jueces de la Corte pasaron a siete jueces, para meter a todos los amigotes que ahora se le dan vuelta porque quieren más billetines.

Es una rebelión de multimillonarios vagos que quieren seguir mamando del Estado, y desnudan la vergüenza institucional de un poder político que manipuló la justicia y ahora se le fue de las manos.

Dicen que van a impulsar juicios políticos. Dicen que van a arreglar. Dicen que no hay plata. Dicen que el Poder Judicial tiene sus propios plazos fijos guardados. Dicen de todo.

Lo que se vive es la putrefacción de la independencia de poderes, y el abuso de una casta ambiciosa que no está dispuesta a resignar lujos. Mientras tanto, las causas judiciales duermen sin respuestas. Y los trabajadores de verdad administran migas de miseria mientras los poderosos se pelean por la torta.

El catucho 

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