La guerra en Medio Oriente ya golpea los alimentos y temen un impacto peor que en la pandemia

La escalada bélica en Medio Oriente comenzó a trasladar sus efectos a la economía mundial y ya encendió una nueva señal de alarma: los precios internacionales de los alimentos registraron en marzo una suba del 2,4% mensual, impulsados por el encarecimiento de la energía, el aumento de los costos logísticos y la tensión en rutas comerciales clave como el estrecho de Ormuz. Así lo advirtió la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que alertó que el escenario podría agravarse si el conflicto se prolonga.

De acuerdo con el último relevamiento del organismo internacional, el índice global de precios de los alimentos alcanzó en marzo su nivel más alto desde septiembre de 2025. Aunque la suba todavía aparece contenida en comparación con los picos históricos de 2022, la FAO remarcó que el conflicto ya está generando presión sobre toda la cadena de suministro, especialmente por el salto en los costos del petróleo, los fertilizantes y el transporte marítimo.

Entre los rubros que más aumentaron se destacaron los aceites vegetales, con una suba del 5,1%, y el azúcar, que escaló 7,2% en un solo mes. También hubo incrementos en cereales, carnes y lácteos, mientras que el arroz mostró una baja vinculada al avance de cosechas y a una demanda internacional más débil. Para los analistas, el dato más preocupante no es solo el aumento actual, sino la posibilidad de que la guerra termine afectando la producción agrícola de los próximos meses.

La principal preocupación gira en torno al impacto que el conflicto puede tener sobre los fertilizantes, un insumo clave para la producción de alimentos. La región del Golfo Pérsico concentra una porción decisiva del comercio marítimo de urea, amoníaco y otros productos esenciales para la agricultura global. Si las interrupciones en esa zona se profundizan, el costo de producir alimentos podría dispararse en varios continentes, con consecuencias directas sobre la inflación y el abastecimiento.

La FAO incluso advirtió que, si la guerra se extiende más allá de las próximas semanas, muchos productores podrían reducir el uso de fertilizantes, bajar el área sembrada o directamente optar por cultivos menos intensivos en insumos. Ese cambio tendría un efecto diferido, pero potencialmente más severo: menor producción en 2026 y un nuevo impulso a los precios internacionales de los alimentos en un contexto ya marcado por la fragilidad económica global.

A esto se suma el encarecimiento del transporte y la incertidumbre sobre una de las rutas comerciales más sensibles del planeta. El estrecho de Ormuz no solo es clave para el petróleo, sino también para fertilizantes, químicos y materias primas utilizadas por la agroindustria. Distintos informes advirtieron que el impacto del conflicto ya excede al mercado energético y amenaza con arrastrar a sectores estratégicos como la producción agrícola, la industria alimentaria y el comercio internacional.

En ese marco, organismos internacionales y analistas económicos coinciden en que el mundo enfrenta un escenario de inflación más alta y crecimiento más lento si la crisis en Medio Oriente no encuentra una salida rápida. Por ahora, el aumento del 2,4% en marzo funciona como una advertencia temprana. Pero si la tensión geopolítica continúa escalando, el golpe sobre los alimentos podría sentirse con más fuerza en los próximos meses, especialmente en los países más dependientes de las importaciones y con menor margen para contener el impacto en los precios internos.