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La fuerza pública contra el pueblo que les paga el sueldo

Vergonzo, repudiable, criminal. Así es el accionar del Gobierno de Catamarca, que mandó las fuerzas públicas a atacar a humildes integrantes de los pueblos originarios del interior profundo de Belén.

Patoteros con uniforme agredieron salvajemente a los dueños de las tierras en Peñas Negra, sólo porque se oponen al saqueo y la contaminación.

Ricachones extranjeros siguen la evolución de sus inversiones desde cómodas oficinas en el primer mundo, mientras a los dueños de las riquezas los masacran.

Como decía Jauretche, “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”, y acá el criollo es el Gobierno de Raúl Jalil, que no sólo permite que se avance con otro despojo minero, sino que manda las fuerzas de seguridad a actuar contra el pueblo. El pueblo catamarqueño que les paga el sueldo: a Jalil y a los patoteros uniformados.

Golpes y balas de goma para la pobre gente que sólo trata de defender lo suyo en los cerros, eso reparte un gobierno que se dice peronista y se golpea el pecho hablando de la justicia social. ¿Justicia social para quién? ¿Para los inversores extranjeros?

La fiscal Marina Villagra de Belén mandó a los grupos de tareas policiales a reprimir sin piedad a la gente, y hasta lastimaron a un hombre de 80 años, Félix Escalante, por el “delito” de intentar cuidar su terruño.

La voracidad de los pulpos mineros que actúan en complicidad con un gobierno al que lo que menos le importa es la gente, originó este conflicto en suelo catamarqueño, casi en el límite con Salta, porque los lugareños no quieren minería pero no se respeta su decisión, sus derechos ni sus sentimientos.

Despreciable actitud de un gobierno que ataca a su propia gente para ponerse del lado de los multimillonarios foráneos, que son además los legítimos y ancestrales dueños del territorio que se quiere saquear.

Brutal violencia contra los pueblos mientras después se pasean por Toronto con todo pago, para mentir que acá se trabaja con licencia social, una inmundicia de actitud de los funcionarios que tienen el deber de defender a Catamarca pero se arrodillan ante cualquiera que les prometa unos sucios dólares.

Pensar que San Martín, antes de cruzar la Cordillera de Los Andes, fue a ver a los pueblos originarios de Mendoza para pedirles permiso porque tenía que pasar con las tropas por sus tierras para llegar a las montañas.

Qué lejos están estos miserables del Padre de la Patria.

Haciendo reprimir a comunidades originarias para que hagan lo suyo empresarios del exterior. Más bajo no se puede caer.

Ahí tienen la felicidad y prosperidad que trae la minería. Queda claro para quién es esa felicidad y prosperidad: para los catamarqueños no.

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