La casta, madre de la ineficacia judicial

El nepotismo y el acomodo de familiares en el Poder Judicial de Catamarca no son solo una falta ética, sino el motor principal del colapso del sistema. Cuando los cargos públicos se transforman en herencias familiares y un aguantadero para el reparto de sueldos de lujo, la idoneidad pasa a un segundo plano.

El resultado es un poder hipertrofiado, ineficiente y colonizado por vínculos de sangre en lugar de méritos académicos y profesionales. Esta alarmante carencia de personal idóneo explica de manera directa la endémica mora judicial que padecen los ciudadanos catamarqueños.

Expedientes que deberían resolverse en meses duermen el sueño de los justos durante años en despachos ocupados por el favoritismo. Las causas de gran impacto social, que exigen rigurosidad técnica, quedan paralizadas ante la flagrante incapacidad de quienes debieran instruirlas. Ahí están casos como el asesinato de Rojitas como triste bandera, pero debajo hay miles de expedientes inmovilizados mientras la casta se da la gran vida.

La estructura judicial ha extraviado su misión constitucional básica para convertirse en una corporación volcada sobre sí misma. El esfuerzo diario ya no se centra en garantizar el acceso a la justicia ni en proteger los derechos de la comunidad. La prioridad sectorial se ha reducido a la administración de privilegios internos y al reparto discrecional de sueldos de privilegio.

Desde la Corte para abajo, la cantidad de cargos con sueldos millonarios a gente que no hace nada útil es inocultable. Mientras la sociedad civil exige respuestas ante la impunidad, el palacio tribunalicio responde con parsimonia, burocracia y un corporativismo que solo protege a los suyos.

La Justicia se ha transformado en agencia de empleo privado financiadas por el erario público, donde el apellido y los contactos pesan más que el código penal. Si sos familiar, amante o amigo, te dan un cargo. Una justicia que no se renueva bajo parámetros de transparencia y concurso público está condenada a seguir siendo un obstáculo para el desarrollo democrático.

La ciudadanía asiste con justa indignación a un espectáculo de causas urgentes cajoneadas y delitos graves que prescriben sin sanción alguna. No se trata de una simple demora administrativa, sino de un vaciamiento estructural que lesiona de muerte la confianza en las instituciones.

Urge una reforma profunda que devuelva el mérito al Poder Judicial y destierre para siempre las prácticas feudales de selección. Solo desplazando el amiguismo por la idoneidad técnica y moral se podrá construir un servicio de justicia digno de ese nombre. De lo contrario, Catamarca seguirá presa de un sistema penal y civil que solo funciona para garantizar el bienestar de sus propios miembros, más enfocados en hacer videítos para tik tok y otras estupideces que en resolver causas.