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Coronavirus a la catamarqueña

El tema es serio, tan serio que preocupa al mundo entero, que hace décadas no enfrentaba una pandemia de esta magnitud, un virus que se propaga a la velocidad de la luz y que cruza fronteras de países para sembrar en cada sitio temor, amenaza, y una lista de vidas perdidas que ya tiene más de 4.000 nombres.

Una tragedia global que en el verano catamarqueño se mezcla con los casos de dengue, y voces que advierten que lo peor está por venir, porque todo indica que cuando el frío llegue la cadena de contagios será mucho mayor.

Terrible situación para esta provincia, que simplemente espera y sufre, entre la ignorancia, mensajes contradictorios y noticias fatalistas bombardeando las 24 horas.

La gente no entiende qué pasa, y nadie acierta a explicar con claridad. Uno escucha a un supuesto experto y dice que el virus es uno más, que no es grave, que no pasa de un resfrío común, que los índices de mortalidad son bajos. Y apenas se esfuerza por tranquilizarse, aparece otro y habla de cientos de muertos, de aviones que cancelan vuelos, de espectáculos que se suspenden.

Hay preocupación y es fundada. Todos coinciden en que la clave pasa por lavarse las manos todo el tiempo, y en Catamarca, donde muchos barrios siguen sufriendo la clásica sequía estival, se anuncia que habrá cortes de luz y agua durante cuatro días. Una locura.

Suspenden el “Congreso Mariano” pero mantienen la procesión, suspenden actividades deportivas pero siguen las clases. Piden a la gente que tome precauciones, que trabaje con home banking y no vaya a los bancos, pero en OSEP se aglomeran multitudes durante horas. Desinfectan y desinfectan edificios de organismos públicos (siempre viernes, para mantener la costumbre de agregar fines de semana largos), cuando la enfermedad se pasa de persona a persona.

Los miserables de siempre lucran con el miedo y el alcohol en gel ya triplicó y cuadruplicó su precio en todos lados.

Y sigue habiendo mosquitos, y hasta ayer nomás decían que había que preocuparse por el dengue y no por el coronavirus, pero al día siguiente suspenden todo por el coronavirus. Y los que rogaban que venga el frío para que se vayan los mosquitos, ahora saben que se va el calor y viene el coronavirus. La población se ve entre la espada y la pared, con miedo, asustada, sin saber qué hacer.

Los medios nacionales montan un show con cada caso y martillan la cabeza las 24 horas, mientras las autoridades se miran y todos esperan a ver qué hace el otro para decidir. Y las informaciones de casos sospechosos se conocen por WhatsApp antes que por las voces oficiales.

Está bien fiero el panorama, y no da para chistes. Que Dios nos ayude, y ayude a la gente que está sufriendo esta pandemia alrededor del planeta. Porque si algo quedó claro, es que no saben cómo frenarla ni pueden hacerlo.

El Catucho

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