Boca había tenido un arranque que podía hacer imaginar una noche de disfrute para los 2.250 hinchas que viajaron al estadio El Teniente de Rancagua, al sur de Santiago de Chile, y también para quienes siguieron el encuentro a la distancia. Impuso un ritmo intenso desde el comienzo y tuvo una carta de desequilibrio constante en Tomás Aranda, inteligente para encontrar los espacios, recibir siempre libre y llevar al equipo hacia adelante.
Sin embargo, esas buenas intenciones le duraron apenas 10 minutos. Pronto se acomodó en la cancha el equipo chileno, con el ex Independiente Martín Sarrafiore picante por la banda izquierda, y comenzó a jugar el partido cada vez más cerca del arco defendido por Álvaro Montero, inseguro en cada uno de sus movimientos pese a que terminó convirtiéndose en héroe.
Una imagen resulta muy clara y, a la vez, preocupante. El reloj marcaba apenas 30 minutos de juego y el Xeneize, un gigante del continente, se defendía cada vez más cerca de su arco frente al modesto O’Higgins, al que igualmente se le debe reconocer la actitud para ir para adelante, un reflejo de la intensidad que su DT, Lucas Bovaglio, transmite desde el borde del campo de juego y también en las pausas de hidratación con indicaciones que se pudieron escuchar a través de la transmisión oficial.
Es cierto que, pese a que el dominio de la posesión y de la posición fue del equipo chileno, Montero no tuvo mucho trabajo durante el primer tiempo. La mayoría de los disparos fueron desviados o, incluso, los ataques se diluyeron en el último tercio del campo.
Boca, por su parte, tuvo una versión muy apagada de Sebastián Villa y Miguel Merentiel, incómodo como referencia de área. A Villa lo reemplazó en el complemento el juvenil Leonel Flores, quien pegó un remate en el travesaño y con poco le bastó para superar la triste presentación del colombiano. También fue malo el partido de Milton Delgado, lento para moverse y encontrar opciones de pase, mientras que Santiago Ascacibar no pudo lucirse. Y Leandro Paredes jugó a ritmo lento.
Bien supo O’Higgins que podía animarse a ir por más frente a este pobre equipo de Boca, al que no le sobra nada y le falta mucho más que ese delantero de área que busca la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme. Se animó el cuadro local porque sentía que podía ganarlo incluso antes de los penales.
Ya había avisado con un remate del paraguayo Arnaldo Castillo luego de capturar un rebote dentro del área y rematar desviado. Presionaba a Nicolás Figal y Ayrton Costa, y a partir de allí atacaba con ventaja. Y en el complemento acumuló una situación de gol detrás de la otra. Hasta que Francisco González aprovechó un regalo de Figal e igualó la serie. Nada pudo hacer Montero.
Boca mostró reacción en los minutos finales, pero ya era tarde. Fue con dos remates de Aranda además del que Flores estrelló contra el travesaño. Ambos los atajó con maestría Carabalí, quien recién fue llamado a aparecer a los 44 minutos del segundo tiempo. Los dos pibes de Boca dieron la cara por el equipo y mostraron vergüenza deportiva.
Había que ir a los penales y allí fue más certero que su rival. Convirtieron Paredes, Merentiel, Figal y Blanco, quien sentenció la serie. Antes, Aranda había tenido el primer match point, pero definió al estilo Panenka y se la regaló al arquero. Del lado chileno, en tanto, Thiago Vecino pateó por arriba del travesaño y Montero se lo atajó a Luis Alberto Pavez. Boca avanzó pero festejó poco y nada, toda una señal. Los jugadores se fueron sin hablar.