La caída del financista que fabricó el esquema ponzi más grande de la historia y fue condenado a pasar 150 años en prisión

“Me sorprende que el juez no sugiriese que me lapidaran en una plaza pública”, se quejó Bernie Madoff por teléfono desde su celda, pocas horas después de que el 29 de junio de 2009 el juez federal Denny Chin le impusiera 150 años de prisión. Era la pena máxima permitida por la ley. Tenía 71 años y no volvería a ser libre.

La sala del Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York estalló en aplausos cuando Chin leyó la sentencia. Afuera, cientos de víctimas y curiosos habían hecho fila desde temprano para presenciar la sentencia por el mayor fraude financiero de la historia.

La audiencia duró 90 minutos. Antes de que el juez tomara la palabra, nueve víctimas se pararon frente al estrado. Varios de los presentes lloraron. Dos de los nueve se quebraron al hablar.

Carla Hirshhorn fue una de las primeras en dirigirse al tribunal: “La vida se convirtió en un infierno. Es como una pesadilla de la que no podemos despertar”. Tom Fitzmaurice fue más directo: “Les robó a los ricos. Les robó a los pobres. Les robó a los del medio. No tenía valores”. Y agregó que Madoff había estafado a sus víctimas “para que él y su esposa Ruth pudieran vivir una vida de lujo”.

Dominic Ambrosino, un oficial retirado de la ciudad de Nueva York, preguntó: “¿Cómo pudo alguien hacernos esto? ¿Cómo puede ser real? Nosotros no hicimos nada malo”. Luego anunció que él y su familia tendrían que vender su casa y vivir únicamente de la seguridad social. Michael Schwartz le dijo a Madoff, mirándolo a la cara, que deseaba que la celda fuera su ataúd.

El juez Chin señaló algo que no tenía precedentes en su experiencia: no había recibido ni una sola carta de apoyo de familia

res o amigos del acusado.

Chin rechazó el pedido de clemencia del abogado defensor Ira Lee Sorkin, quien había solicitado apenas doce años y describió a su cliente como “un ser humano profundamente defectuoso”. El fiscal Marc Litt había pedido la pena máxima por “el alcance, la duración y la naturaleza” del fraude.

El juez dejó en claro que la condena no era, como argumentó la defensa, “venganza de la turba”. “No es simplemente un crimen sin sangre que ocurre sobre papel”, dijo Chin, “sino uno que cobra un costo devastador en términos humanos”. Calificó el fraude de “muy malo” y la violación de confianza de “masiva”. El departamento de libertad condicional había recomendado 50 años. Chin triplicó esa cifra.

Madoff escuchó los testimonios sin mostrar emoción. Al tomar la palabra, pidió disculpas en voz tan baja que el juez tuvo que pedirle que hablara más fuerte. “No puedo ofrecerles una excusa por mi comportamiento”, dijo. “¿Cómo se le explica a uno que mintió a su hermano y a sus dos hijos? ¿Cómo se explica haber engañado a una esposa que estuvo a tu lado durante 50 años?”. Luego giró hacia las víctimas y dijo: “Lo siento. Sé que eso no les ayuda”.

Antes de que terminara la audiencia, el juez ordenó también la confiscación de bienes por más de 170.000 millones de dólares, cifra que representaba el total del dinero que había circulado por la cuenta principal del esquema. A su esposa, Ruth Madoff, que no fue imputada penalmente, le dejaron 2.500.000 de dólares luego de que la justicia rechazara su reclamo sobre 80 millones de dólares en activos que decía que le pertenecían.

Bernie Madoff fue condenado el 29 de junio de 2009 a 150 años de prisión por haber operado el mayor esquema Ponzi de la historia. Durante al menos dos décadas, prometió a sus clientes rendimientos anuales de entre el 12% y el 13%, constantes tanto en años de bonanza como de crisis, y depositó el dinero recibido en una cuenta bancaria personal en el Chase Manhattan Bank en lugar de invertirlo. Los estados de cuenta que enviaba cada mes eran una falsificación completa. Cuando un cliente quería retirar fondos, Madoff los pagaba con el dinero de inversores más recientes.

El esquema se sostuvo gracias a los llamados “fondos alimentadores”: gestoras que agrupaban capitales de terceros y los volcaban en Bernard L. Madoff Investment Securities a cambio de comisiones millonarias. Muchos inversores individuales ni siquiera sabían que su dinero terminaba en manos de Madoff.

Todo colapsó en diciembre de 2008, cuando una ola de retiros simultáneos por alrededor de 7.000 millones de dólares superó lo que podía cubrir. El 10 de ese mes, sus hijos Mark y Andrew informaron a las autoridades que su padre les había confesado que toda la división de gestión de activos era “una gran mentira”. Al día siguiente, agentes del FBI lo arrestaron. El 12 de marzo de 2009 se declaró culpable de 11 cargos federales y repitió once veces la palabra “culpable” frente al tribunal.

La historia de Madoff comenzó lejos de Wall Street. Nació el 29 de abril de 1938 en Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos, hijo de Ralph Madoff, plomero y corredor de bolsa, y de Sylvia Madoff. Sus abuelos eran inmigrantes judíos de Polonia, Rumania y Austria. La familia se mudó al barrio de Laurelton, en Queens, donde Bernie terminó el secundario en 1956.

Estudió un año en la Universidad de Alabama, se graduó en ciencias políticas en la Universidad Hofstra en 1960 y comenzó la carrera de Derecho en el Brooklyn Law School, que abandonó al cabo de un año.

Con los ahorros acumulados trabajando como guardavidas en la playa de Rockaway y en un negocio de instalación de sistemas de riego, más un préstamo de 50.000 dólares de su suegro, el contador Saul Alpern, fundó Bernard L. Madoff Investment Securities en 1960. Tenía 22 años y solo 5.000 dólares propios.

La firma arrancó operando en el mercado extrabursátil con acciones de bajo precio. Para diferenciarse de las grandes firmas de la Bolsa de Nueva York, Madoff apostó desde temprano a la tecnología. La plataforma de cotizaciones automatizadas que su empresa contribuyó a desarrollar se convirtió en la base del sistema Nasdaq, mercado electrónico de valores. En 1990, fue elegido presidente del Nasdaq.

Su reputación creció sobre dos pilares: los retornos constantes y la exclusividad. No todos podían invertir con él, y esa selectividad era parte del atractivo. Ser cliente de Madoff se convirtió en un símbolo de estatus dentro de los círculos adinerados de Nueva York y Palm Beach, especialmente en la comunidad judía. El investigador financiero Harry Markopolos advirtió en múltiples oportunidades a la Comisión de Valores (SEC) que los números de Madoff eran matemáticamente imposibles. La SEC investigó su firma en varias ocasiones y nunca detectó el fraude.

Las pérdidas para los inversores superaron los 18.000 millones de dólares. El monto total de los fondos que circularon por la cuenta principal, incluyendo ganancias ficticias, llegó a 65.000 millones de dólares. Entre las víctimas había jubilados, fondos de pensión, organizaciones benéficas y figuras públicas. La Fundación Elie Wiesel, creada por el escritor y sobreviviente del Holocausto, perdió más de 10 millones de dólares. Yeshiva University perdió cerca de 100 millones de dólares. El banco custodio HSBC Securities Services registró pérdidas superiores a los 2.000 millones de dólares. Al menos dos inversores se suicidaron en los meses posteriores al derrumbe.

En 2014, la justicia condenó por fraude a cinco ex empleados de Madoff tras un juicio de seis meses en el tribunal federal de Manhattan. Entre ellos estaban su secretaria de siempre, el director de operaciones, un gerente de cuentas y dos programadores. El jurado los declaró culpables de los 33 cargos presentados por la fiscalía.

En 2019, ya con 81 años y la salud deteriorada, Madoff presentó una petición de clemencia ante el presidente Donald Trump para que le conmutara la condena. El Departamento de Justicia confirmó que la solicitud estaba “pendiente” pero no hizo comentarios. La Casa Blanca no respondió. El pedido nunca prosperó.

En 2020, sus abogados intentaron una nueva vía: solicitaron al juez Chin la libertad anticipada por razones humanitarias, alegando que padecía una enfermedad renal terminal. Chin rechazó la solicitud. “Cometió uno de los crímenes financieros más graves de todos los tiempos y muchas personas todavía sufren sus consecuencias”, escribió el juez. Unas 500 víctimas se habían opuesto por escrito a su liberación.

Durante sus 12 años de prisión en el Centro Médico Federal de Butner, en Carolina del Norte, Madoff trabajó como ordenanza. Cobró 710 dólares en total por casi 3.000 horas de trabajo, a razón de 0,24 dólares por hora. Un supervisor anotó en su legajo que “necesita más supervisión que la mayoría” y que “no es muy confiable”.

Bernie Madoff murió el 14 de abril de 2021 a los 82 años por una insuficiencia renal crónica. Sus dos hijos habían muerto antes que él: Mark se suicidó en 2010, a los 46 años, exactamente dos años después del arresto de su padre. Andrew murió de cáncer en 2014, a los 48. Ruth, que se había casado con Bernie a los 18 años, se mudó a un pequeño pueblo de Connecticut y cortó todo vínculo con él.

Al morir, Madoff dejó entre sus pertenencias ocho pilas AAA, cuatro libros religiosos, una calculadora Casio, cuatro paquetes de pochoclo y una caja de gefilte fish.

Créditos: Infobae.