Al senador por Fray Mamerto Esquiú, Guillerrmo Ferreyra, le preguntaron en un programa periodístico a que había ido a la feria minera de Canadá. Fue como una especie de derecho a réplica extendida, para defenderse de todas las críticas recibidas cuando se hizo público que andaba por el Norte junto a la delegación catamarqueña. Pero, siendo sinceros, no parece haber aprovechado mucho la oportunidad de justificar el viaje.
“Es la feria internacional más importante de minería… asisten cerca de ciento veintiséis países y hay más de tres mil puestos”, señaló el legislador. Le preguntaron a qué fue y respondió describiendo el evento. Por lo que se infiere que no fue a nada concreto. O tal vez viajo solo para pasarla bien. En cuyo caso cumplió su objetivo, porque “El Guillo” reconoció que “fue una experiencia (…) espectacular…”
El requerimiento periodístico apuntaba a conocer que beneficio le reportaría el viaje a la Provincia o a su departamento, como para justificar los recursos gastados en llevarlo, cubrirle los viáticos y volverlo a traer. Es decir, cuál sería el Retorno de la Inversión para la sociedad catamarqueña. Pero el senador solo pudo hablar de su experiencia y lo provechoso que fue para él.
La verdad, hay que reconocerlo, esto pasa todo el tiempo. En cada viaje internacional como este, la mitad de la delegación se va de paseo. Por lo que pedirle explicaciones solo a Ferreyra puede ser un poco injusto. Injusto para la sociedad que sponsorea con sus impuestos tours multimillonarios a los destinos más exóticos y no sabe ni quiénes ni a que van.
Europa, Norteamerica, Medio Oriente, Asia…Da igual si es de minería, de industria, tecnología o de naves interplanetarias. Total, lo que importa es que sea un destino bien lejos y el hotel, 5 estrellas para arriba. Y que haya shoppings a mano, para comprar el último Iphone y alguna pilchita de marca distinguida.
“Lo paga el CFI”, argumentan algunos, intentando quitarle gravedad ética a su gira parasitaria y estéril. Como si esos recursos no fueran públicos y estuvieran a su disposición para financiar sus ínfulas de “Marley por el mundo”.
Pero de alguna manera, ese uso discrecional y alejado de cualquier criterio de productividad o beneficio para la provincia se naturalizó, convirtiendo el viaje de esos contingentes en tours de compras, placer y turismo financiado por el Estado.
La mayoría de la gente no lo sabe, pero hay una especie de baremo con el que, cada vez que surge un viajecito de estos, se decide quién se sube al avión y quien se queda a envidiar mirando el Instagram de los favorecidos. Los lugares disponibles se reparten según criterios de jerarquía, peso político, vinculación funcional con la temática del evento convocante y cercanía con los que cortan el queso.
Salvo dos o tres que tienen siempre sus tickets asegurados, el resto de los pasajeros suelen decidirse con la bendición de un jerarca de primera línea que los apadrine o por la caridad de la ministra que administra la caja federal que, aunque muchas veces no dispone directamente, usa bien sus influencias para poner o borrar de la lista según sus preferencias. En la discusión del listado final, de idoneidad profesional, políticas de Estado, objetivos económicos o estrategias comerciales, se habla muy poco.
Volviendo al caso, Ferreyra argumentó que su viaje a Canadá era necesario para “informarse” y “aprender” para poder legislar sobre la cuestión minera. Osea, que su paso por Toronto podría ser un viaje educativo bancado por el Estado. Una especie de beca de formación para que el legislador esté a la altura de la labor para la que fue elegido.
De beneficios para la Provincia, nada. Pero para el Senador, una experiencia inolvidable. Como la de un viaje de egresados.





