El Reino Unido, junto con Suecia, Francia, Alemania y Países Bajos, anunció que está evaluando aumentar las sanciones económicas y diplomáticas contra Rusia tras confirmarse que el líder opositor Alexéi Navalny fue asesinado en una prisión rusa mediante un envenenamiento con epibatidina, una neurotoxina extremadamente potente que no se encuentra de forma natural en el país.
La ministra de Exteriores británica, Yvette Cooper, señaló desde la Conferencia de Seguridad de Múnich que la acción conjunta entre los aliados es la “mejor manera de mantener la presión sobre Moscú” y que el hallazgo científico sobre la presencia de la toxina en las muestras de Navalny refuerza la necesidad de sanciones coordinadas contra el régimen ruso.
Los gobiernos europeos publicaron un comunicado conjunto en el que sostienen que Rusia tenía medios, motivos y oportunidad para administrar la toxina, considerada un arma química bajo la legislación internacional, y han informado la posible violación de la Convención sobre Armas Químicas a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
El caso de Navalny, que murió en febrero de 2024 en una prisión del Ártico ruso, ha desatado una fuerte reacción diplomática en Occidente, con críticas al Kremlin por el uso de sustancias tóxicas en represalias contra opositores, en un contexto en el que ya se habían registrado ataques similares con agentes nerviosos en el pasado.
La posición occidental contrasta con la respuesta de Moscú, que ha rechazado las acusaciones, calificándolas de propaganda, aunque los aliados sostienen que los análisis de laboratorio confirman la presencia de la neurotoxina letal en el cuerpo de Navalny.





